SANTO DOMINGO.– Cuando un partido político convoca a su Comité Nacional, la lógica institucional dicta que el evento debería ser un espacio de rendición de cuentas, de autocrítica y de proyección honesta hacia el futuro. Lo que ocurrió este domingo en el Hotel Sheraton Santo Domingo fue, en cambio, una sesión de ingeniería interna: seis resoluciones aprobadas por unanimidad, calendarios fijados con precisión quirúrgica y una fotografía de poder que incluyó al presidente de la República Luis Abinader, al expresidente Hipólito Mejía y a la mayoría de la alta dirigencia del **Partido Revolucionario Moderno (PRM)**. Todo en orden. Todo controlado. Nada, sin embargo, sobre los pendientes que la ciudadanía todavía espera que alguien en ese salón tenga el valor de mencionar.
¿Qué se aprobó y bajo qué amparo legal?
La reunión del Comité Nacional del PRM se celebró en cumplimiento de la Ley 33-18 de Partidos, Agrupaciones y Movimientos Políticos, la Ley 20-23 Orgánica del Régimen Electoral y los estatutos vigentes del partido. El quórum superó el 60%, lo que otorgó validez jurídica a los acuerdos adoptados, según informó el dirigente Sigmund Freund, miembro de la comisión de reforma estatutaria.
Las seis resoluciones aprobadas establecen, en síntesis, el siguiente calendario:
📅 Hoja de Ruta Convencional PRM 2026
Adicionalmente, se acordó que las nuevas autoridades elegidas ejercerán sus cargos por dos años en lugar de los cuatro que contemplan los estatutos vigentes —una modificación que, dependiendo del lente con que se analice, puede leerse como ajuste técnico o como estrategia de control sobre los tiempos internos del partido.
La ceremonia del orden y lo que no se dijo
El PRM tiene derecho, como toda organización política, a ordenar su casa interna. Nadie discute la legalidad del proceso ni la pertinencia de celebrar convenciones. Lo que merece examinarse con rigor es el contexto político en el que ocurre esta sesión y lo que quedó fuera del orden del día.
«Una convención que fija fechas con precisión milimétrica, pero que no reserva ni un párrafo para la rendición de cuentas ante la ciudadanía, habla más de lo que omite que de lo que aprueba.»
— Análisis Editorial, Despertar MatinalPrimero, el escenario. La reunión ocurre en el cierre de una gestión gubernamental 2020–2026 marcada por investigaciones de corrupción de alto impacto —entre ellas la Operación ONCO14 en el IORC, los veredictos de Coral y Coral 5G sobre corrupción militar, y el caso Operación Cobra en SeNaSa—, ninguna de las cuales figuró, según fuentes consultadas por este medio, como punto de discusión en la agenda interna del partido.
Segundo, la modalidad. La elección de cargos se realizará mediante convención de delegados, no mediante voto universal de militantes. Este mecanismo, si bien legal, concentra la decisión en estructuras intermedias del partido, lo que, de acuerdo con analistas del sistema electoral dominicano, tiende a reproducir los circuitos de influencia ya existentes en lugar de abrirlos a la base.
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La propuesta central de la reforma estatutaria reduce el mandato de las nuevas autoridades partidarias de 4 años a 2 años. Ni el partido ni sus voceros han explicado públicamente qué justifica este recorte ni cómo afecta la continuidad institucional del PRM de cara al ciclo electoral 2028.
Tercero, la reducción de mandatos. La propuesta de acortar el período directivo de cuatro a dos años merece una explicación pública que hasta ahora no existe. ¿Se trata de una medida de renovación democrática interna, como podría argumentarse? ¿O es, presuntamente, un mecanismo para mantener abiertas las posibilidades de reagrupamiento de cara a escenarios electorales futuros? La comisión redactora —integrada por Guido Gómez Mazara, Roberto Fulcar, Darío Castillo, Sigmund Freund, Dionicio De Los Santos, Yadira Henríquez y Salvador Ramos— no ha ofrecido, según información disponible a la fecha de publicación, una memoria justificativa pública de dicha decisión.
Cuarto, el simbolismo. Nombrar la convención en honor a Orlando Jorge Mera —dirigente fallecido cuya figura concita respeto transversal— es un gesto que ningún analista cuestionaría en términos de reconocimiento. Sin embargo, resulta paradójico que se invoque el nombre de un político recordado por su apego a los principios, en el marco de un proceso interno que, según fuentes del propio partido que prefirieron el anonimato, no incluyó consulta amplia a las bases ni mecanismos de participación directa de militantes.
El partido pone la casa en orden. ¿Pero cuál casa?
El PRM ha demostrado, una vez más, capacidad para organizarse, trazar rutas y ejecutar procesos institucionales con eficiencia. Eso no es poca cosa. Pero la eficiencia interna de un partido que ha gobernado la República Dominicana durante seis años no puede ser el único criterio con el que se evalúe su salud democrática.
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Un partido que convoca a convenciones sin rendir cuentas; que reforma sus estatutos sin explicación pública; que organiza su futuro mientras los ciudadanos aguardan respuestas sobre su presente, envía una señal inequívoca: la maquinaria está al servicio de sí misma.
❓ Pregunta Final
¿Por qué el Comité Nacional del PRM fijó con precisión cada fecha de su renovación interna, pero no estableció ningún mecanismo público de evaluación de la gestión gubernamental 2020–2026 antes de cerrar el ciclo?











































































