El miércoles por la noche el Presidente Milei se dirigió al pueblo argentino en una cadena nacional histórica. No sólo por una afirmación contundente de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, sino porque por primera vez en la vida de muchos de nosotros tenemos un gobierno que piensa a largo plazo.
Por un lado, el gobierno ha manifestado un claro compromiso con el mandato constitucional de ejercer la soberanía sobre nuestro territorio. Yendo más allá de las meras palabras y declamaciones vacías a las que nos tenía acostumbrados la política, el gobierno nacional impondrá sanciones pacíficas pero ejemplificadoras a los actores involucrados directa o indirectamente en la exploración y explotación ilegal de nuestros recursos naturales.
A raíz de esto, por ejemplo, la empresa SLB, Baker Hughes y Halliburton han hecho público su compromiso con la norma vigente, anticipando en un comunicado que “no está participando ni tiene previsto participar en procesos de licitación que tengan por objeto la prestación de servicios para proyectos hidrocarburíferos en las Malvinas, así como en los espacios marítimos circundantes”.
Una nueva Ley de Defensa de la Soberanía Nacional

Por otro lado, el Presidente anunció que enviará al Congreso un proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional con tres ejes: endurecer la Ley 26.659 para sancionar a empresas y proveedores que participen en operaciones no autorizadas en las islas —inhabilitándolos para contratar en la Argentina e incluyendo, cuando corresponda, el juicio en ausencia, y extendiendo el régimen a otras actividades que afecten recursos naturales—; crear un Consejo de Seguridad Nacional que fije una política obligatoria y transversal, articulando Cancillería, Defensa, Inteligencia y Economía, y proteja la infraestructura crítica y el espacio aeroespacial y marítimo; y dotar a ese Consejo de facultades para responder con herramientas económicas y diplomáticas ante actores estatales o no estatales que amenacen la seguridad nacional.
Vale aclarar que todo esto ocurre en el contexto de una reevaluación histórica de la posición de los Estados Unidos respecto al conflicto soberano anunciada por el Presidente Trump. Esto no es casual, sino que proviene de una decisión radical en materia de relaciones exteriores.

El gobierno ha trabajado cuidadosamente en sus alianzas geopolíticas, virando hacia Occidente, deshaciendo el lamentable legado kirchnerista, de estrechos lazos con lo peor del mundo.
Hoy Argentina se presenta como un aliado confiable, de convicciones firmes y con todo el futuro por delante, mientras que el Reino Unido se hunde en una decadencia autoinfligida, atravesando “un cambio permanente e irreversible en la moral, los valores, las costumbres, los tabúes, el lenguaje, el humor, el arte e incluso los hábitos alimentarios”, extraido de Peter Hitchens, en La abolición de Gran Bretaña.
La oposición frente al nuevo reclamo por Malvinas
Por supuesto, no se han hecho esperar las reacciones de los sospechosos de siempre. Ante el llamado a la unidad nacional, nos ha tocado una oposición que, salvo excepciones, ha vuelto a reducir el debate a chicanas propias de quien se ha quedado sin argumentos, como que Milei es fan de Thatcher o comparaciones con gobiernos de facto. Tonterías que no resisten el menor análisis.
Desde los comunistas apátridas por definición hasta los nacionalistas de cartón, pasando por un kirchnerismo francamente psicopático, todos han aportado su grano de arena a favor de la causa británica. Sucede que a veces el “campo nacional y popular” no tiene otra opción que ponerse del lado de los ingleses, aunque lo compensan con el infaltable sticker de las Islas en el Lumilagro.
Una Argentina más fuerte para defender sus intereses
El Presidente Milei entiende que se aproxima una reconfiguración global de cara a la cual cada nación debe asegurarse su supervivencia; que las nuevas páginas de la historia se escribirán sobre el Atlántico Sur y la Antártida; que la era de la Inteligencia Artificial dará lugar a una competencia feroz por la energía; y, sobre todo, que ante todo esto Argentina no puede permanecer indiferente.
En este sentido, ha dado los primeros pasos, poniendo de pie a un país devastado y al borde de una hiperinflación. Un país que, gracias a la estabilización macroeconómica y la desregulación hoy recorre un camino de crecimiento sostenido. Esto ha permitido, a su vez, avanzar hacia el reequipamiento de nuestras Fuerzas Armadas, vaciadas y vilipendiadas por quienes dejaron una nación empobrecida e indefensa.
Ahora vamos por lo que se viene: sancionar desde el Congreso más reformista de la historia leyes que doten a este gobierno y gobiernos venideros alineados con las ideas de la libertad con la capacidad de hacer valer nuestros intereses en el concierto de las naciones. Tenemos todo para ser una potencia mundial; no desperdiciemos la oportunidad.
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