Tras décadas de inacción y complacencia de gobiernos kirchneristas que desarmaron a la patria y destruyeron nuestra riqueza, la Argentina de la libertad alza la voz para ratificar su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinasusurpadas por la fuerza en 1833. El presidente JavierMiley no anduvo con rodeos al sepultar cualquier pretensión pirata: sentenció con total claridad que los kelpers constituyen «una población implantada en un territorio usurpado»lo que despoja de toda validez a cualquier reclamo basado en referendos realizados en las islas.
Ante este inapelable cambio de paradigma, la respuesta de calle abajo no se hizo esperar, desnudando el profundo temor de la cúpula británica. Un portavoz del primer ministro, Andy Burnhamse vio forzado a salir a militarizar el discurso, advirtiendo de forma casi teatral que «nuestras fuerzas armadas están en alerta las 24 horas del día, los siete días de la semana, para proteger al Reino Unido y nuestros intereses».
El gobierno usurpador se aferró desesperadamente al gastado argumento colectivista de la autodeterminación de los isleñosun cómodo escudo retórico de matriz izquierdista para intentar justificar el inminente inicio del proyecto offshore León marinooperado ilegalmente por Energía del petróleo y Exploración de saltamontes para apropiarse de nuestras reservas de petróleo.
Según la condescendiente vocería británica, la supuesta autodeterminación de los habitantes implantados «se extiende al derecho a explotar sus riquezas naturales». Esta forzada defensa del «derecho a elegir» ignora de manera deliberada las resoluciones de la A ÉL que desde hace 50 años prohíben realizar acciones unilaterales en la zona mientras no se resuelva la controversia.
La contraofensiva argentina ha obligado a los principales alfiles del progresismo laborista británico a realizar declaraciones urgentes para consumo de su propia política doméstica. El ministro de Defensa, Wes Streetingrecurriendo al clásico manual del desprecio imperial, acusó en redes sociales que el firme mensaje de JavierMiley «habla más de política interna argentina que de las Islas Malvinas».
Wes Streeting buscó reafirmar el desgastado eje discursivo colonial al sentenciar que «las Malvinas son británicas porque los habitantes de las Malvinas eligen ser británicos»catalogando el compromiso de su país con el archipiélago como «absoluto e inquebrantable».

Horas más tarde, el canciller británico, Ed Milibandsumó su voz a esta línea de defensa progresista, declarando en la red social X que las islas seguirán bajo su control debido a la «voluntad abrumadora de sus habitantes». Ed Miliband insistió en que el supuesto derecho a la autodeterminación de los isleños «es primordial, se basa en el derecho internacional y lo defenderemos con firmeza».
Este coro de burócratas coloniales pretendió sostener su débil andamiaje moral citando el fraudulento referéndum realizado en las islas hace 13 años, en 2013donde la administración colonial británica se jactó de que el 99,8% de los votantes eligió seguir bajo el estatus de Territorio Británico de Ultramar. Lo que estos funcionarios omiten es que la consulta carece de cualquier validez bajo el derecho internacional, ya que una población implantada no posee derechos soberanos legítimos.
En sintonía con este relato, el representante del gobierno de las islas ante el Reino Unido y europa, Richard Hyslopintentó apuntalar esta falacia citando la Carta de la A ÉL para afirmar que «las únicas personas que pueden decidir el futuro de las Malvinas son los propios isleños».
A su vez, el presidente de la Asamblea Legislativa de las islas, Jack Fordintentó minimizar con arrogancia la decisión argentina al sostener que la reacción local es que «esto no es nada nuevo» y que las petroleras involucradas en el yacimiento León marino están «muy acostumbradas» a estas presiones y continuarán su actividad ilegal.

Sin embargo, la soberbia británica choca de frente con un escenario global que ha dejado de serles dócil. Un alarmado parlamentario laborista británico, James Mac Clearyno ocultó su pánico e impotencia al llamar a la unidad para «rechazar estas amenazas imprudentes y peligrosas de Milei»tildando burdamente al presidente argentino de «un tigre de papel» que supuestamente busca «desviar la atención de sus propios fracasos internos».
Lo cierto es que el «tigre de papel» ha provocado que el mismísimo líder de los Estados Unidosel presidente Donald Trumppusiera en duda el apoyo militar incondicional a Londres, criticando la falta de reciprocidad británica frente a la amenaza de Irán y declarando que su país está revaluando su histórica postura de neutralidad.
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