CIUDAD DE GUATEMALA — Ricardo Trotti, periodista argentino y autor de Robots con Alma, advierte que la Inteligencia Artificial se disolverá en el ambiente social como lo hizo la electricidad, transformando radicalmente trabajo, educación y democracia en los próximos cinco años. En una extensa entrevista con Crónica, el ex director ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) plantea que el verdadero desafío no es temer la tecnología sino dotarla de alma ética y preparar ciudadanos capaces de cuestionar sus respuestas.
La revolución invisible que se aproxima
Trotti descarta escenarios de ciencia ficción con robots humanoides caminando por las calles. En su lugar, proyecta una integración silenciosa y total de la IA en cada aspecto de la vida cotidiana: «Se disolverá en el ambiente. Estará integrada en cada procesador de texto, en diagnósticos médicos, en sistemas financieros y decisiones cotidianas, ámbitos donde ya opera en silencio», explica.
El periodista establece un paralelo histórico revelador. «Con el Internet sucedió igual. Le tuvimos miedo, desconfianza y luego fue una integración total. La tecnología avanza por ensayo y error. Con la IA viviremos una etapa similar y habrá ajustes», sostiene. Sin embargo, advierte que la historia también muestra errores costosos: medios que regalaron contenido digital creyendo que era el camino correcto y luego vieron las consecuencias devastadoras.
Creatividad democratizada, verdad amenazada
La transformación más profunda ocurrirá en la frontera de la creatividad. «Cualquiera podrá generar música, imágenes o películas desde su habitación. Pero, paradójicamente, esa facilidad hará más valiosa la chispa humana», señala Trotti, destacando que la democratización de herramientas creativas revalorizará precisamente aquello que las máquinas no pueden replicar.
No obstante, esta democratización tecnológica enfrenta amenazas estructurales inmediatas. «El riesgo inmediato es la erosión de la verdad. Las IAs son probabilísticas; pueden inventar hechos con total elocuencia», advierte. El fenómeno de las «alucinaciones» algorítmicas representa un desafío crítico para sociedades donde la desinformación ya erosiona instituciones democráticas.
El sesgo oculto en los algoritmos
Trotti identifica otro peligro sistémico: el sesgo inadvertido. «Como la IA aprende del pasado y la historia está llena de racismo, machismo y desigualdades, la tecnología tiende a perpetuar esos defectos», explica. Este problema estructural requiere soluciones desde el diseño mismo de los sistemas.
«Por eso insisto en dotarla de ‘alma’, de una ética incorporada desde el diseño. Hablo de principios programables. Expertos como Stuart Russell han demostrado que es posible priorizar la seguridad humana sobre la eficiencia», argumenta.
El autor menciona modelos de «IA constitucional» que obedecen reglas éticas antes de responder, demostrando que la tecnología puede incorporar salvaguardas desde su concepción. «Incluso con esa ética, es peligroso delegar en algoritmos sin transparencia decisiones críticas sobre nuestras vidas, como quién recibe un crédito o quién recibirá un órgano donado», advierte.
Trabajos que desaparecen, profesiones que emergen
Frente al temor generalizado sobre desempleo tecnológico, Trotti adopta una perspectiva histórica optimista. «Mis hijos trabajan hoy en Marketing Digital, una profesión que no existía cuando yo tenía su edad. Si en los noventa hubiéramos prohibido Internet para proteger a los tipógrafos, esa generación no habría tenido las oportunidades que hoy tiene», reflexiona.
Las primeras tareas en desaparecer serán lo repetitivo y tedioso: traducción básica, informes rutinarios, análisis mecánico de datos. «Cuando apareció la calculadora Texas Instruments no reemplazó a las matemáticas, ni al álgebra, ni al pensamiento lógico; simplemente eliminó el cálculo manual lento. La IA hará lo mismo con nuestra burocracia mental», ejemplifica.
A cambio, surgirán nuevas profesiones especializadas: curadores de datos, auditores de sesgos algorítmicos, supervisores de IA en instituciones públicas. «La IA nos quitará la parte robótica del trabajo para permitirnos ser más humanos», concluye Trotti, revalorizando capacidades exclusivamente humanas como empatía, negociación y creatividad contextual.
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América Latina: entre la brecha digital y la cognitiva
El periodista identifica riesgos específicos para América Latina. «La IA multiplica capacidades. Si quien tiene recursos accede a ella, despega; si se la niega a los que menos tienen, el rezago será brutal», advierte con dureza. La región enfrenta el peligro de repetir errores cometidos con Internet.
«En América Latina creamos grandes brechas con el Internet porque los gobiernos se dedicaron más a regular y controlar que a expandir el conocimiento. No podemos repetir ese error», sostiene Trotti. La brecha de conectividad persiste debido a falta de alfabetización digital, y ahora amenaza con profundizarse exponencialmente.
El problema del «punto ciego de los datos» agrava la situación. «Si entrenamos una IA médica solo con expedientes de hospitales en Boston o Londres, el sistema será excelente diagnosticando a hombres blancos occidentales, pero fallará con una mujer indígena en nuestros países», ejemplifica, evidenciando cómo la exclusión de datos regionales perpetúa invisibilidad sanitaria.
El costo como nueva barrera de clases
Trotti advierte sobre un peligro emergente: «Las mejores IAs hoy son de pago. Si la educación de calidad y las herramientas más potentes se vuelven un lujo privado, crearemos castas cognitivas, lo que sería devastador». Esta mercantilización del conocimiento aumentado amenaza con estratificar sociedades según acceso tecnológico.
La solución requiere colaboración Estado-empresa privada para cerrar brechas antes que se vuelvan insalvables. «Es urgente que el Estado y la empresa privada trabajen juntos para cerrar esa grieta», insiste, rechazando tanto el monopolio estatal como la privatización absoluta del acceso al conocimiento.
Ética como acelerador, no como freno
Sobre regulación, Trotti plantea una tesis provocadora: «Defiendo la idea de que la ética es un acelerador, no un freno. Las empresas deben incorporar principios éticos desde el diseño porque no es aceptable lanzar productos peligrosos y esperar que la sociedad los corrija».
Las empresas tecnológicas deben democratizar acceso, colaborar en infraestructura donde el Estado no llega y mitigar impacto ambiental de centros de datos. Los gobiernos, por su parte, «no deben regular la tecnología misma, porque cambia demasiado rápido, sino sus efectos. Deben prohibir discriminación algorítmica, perseguir deepfakes dañinos y garantizar responsabilidad humana», especifica.
«La escuela debe dejar de ser fábrica de respuestas y convertirse en taller de buenas preguntas. Se debe educar para que los jóvenes sepan abrazar y se adapten a un mundo cambiante» — Ricardo Trotti, periodista y autor de Robots con Alma
La barrera filosófica infranqueable
Consultado sobre Inteligencia Artificial General que iguale capacidades humanas, Trotti establece una distinción filosófica crucial: «Se debe distinguir con claridad entre mímica y conciencia». Aunque proyecta posible IA General en una década que imite razonamiento humano en tareas intelectuales, identifica una barrera infranqueable.
«La IA puede escribir un poema, pero no siente la necesidad de hacerlo. No ama, no sufre, no teme morir. Sin biología ni mortalidad puede tener conocimiento, pero la conciencia y la sabiduría siguen siendo patrimonio humano», sentencia.
Esta distinción fundamenta su argumento sobre lo insustituible humano: intencionalidad, propósito, experiencia existencial. La tecnología puede procesar información infinitamente más rápido que humanos, pero carece de la condición trágica que define nuestra relación con el conocimiento y la creatividad.
Políticas públicas desde la escasez
Para países en desarrollo como Guatemala, Trotti recomienda no copiar marcos regulatorios europeos: «Europa regula desde la abundancia; nosotros en Latinoamérica debemos regular para el desarrollo». El primer paso no es prohibir sino construir infraestructura de conectividad como política de Estado.
Enfatiza soberanía de datos: «No podemos permitir que la información de los ciudadanos sea materia prima barata para otros». Propone que gobiernos latinoamericanos negocien colectivamente con grandes tecnológicas, estableciendo que datos regionales entrenen modelos que luego beneficien a esas poblaciones.
La piedra angular sigue siendo educación: «Desde la alfabetización digital, al pensamiento crítico, hasta la ética y la filosofía», enumera Trotti, proponiendo un neohumanismo tecnológico que refuerce precisamente aquello que diferencia humanos de máquinas.
Lo mínimo indispensable que todos deben saber
Trotti simplifica conceptos técnicos para consumo masivo. Primero: «La IA es una máquina de autocompletar muy sofisticada, no una enciclopedia infalible. Puede alucinar e inventar datos con absoluta convicción. Verificar siempre es obligatorio».
Segundo: privacidad. «Todo lo que se escribe en un chat gratuito puede ser usado para entrenar modelos futuros. Nunca hay que introducir datos sensibles como información financiera o íntima», advierte sobre el costo oculto de servicios aparentemente gratuitos.
Tercero: entender el sesgo. «La IA tiene la voz de quienes la entrenaron. Por eso, enseñar pensamiento crítico es más urgente hoy que enseñar herramientas específicas. La verdadera protección es formar ciudadanos que duden, comparen y cuestionen, que no acepten las respuestas como las únicas posibles».
Educación: de fábrica de respuestas a taller de preguntas
El sistema educativo enfrenta obsolescencia inminente si continúa premiando memorización. «La IA ya ganó ese concurso. La alfabetización digital es hoy tan crucial como la alfabetización tradicional lo fue para nuestros bisabuelos. Quien no domine los nuevos códigos quedará excluido del diálogo social y económico», advierte.
Propone reorientar educación hacia neohumanismo tecnológico: «Reforzar filosofía, ética, debate, negociación, pensamiento sistémico, todo lo que la máquina no puede replicar». Las escuelas deben «dejar de ser fábrica de respuestas y convertirse en taller de buenas preguntas», sintetiza.
Mensaje final: entre la verdad y la libertad
Trotti concluye retomando el corazón filosófico de su novela: «Los personajes se debaten entre la verdad y la libertad. No son solo recursos narrativos, son los pilares invisibles de toda democracia. En esta era de IA debemos elegir si los afirmamos con más fuerza o si permitimos que se desvanezcan entre la mentira y la manipulación».
La tecnología, advierte, «puede inclinar la balanza en cualquier dirección». Mal usada, se convierte en maquinaria de desinformación que distorsiona percepción de realidad. Bien orientada, puede democratizar conocimiento, transparentar decisiones públicas y potenciar creatividad.
«Al final, el rumbo no lo marca la tecnología sino nuestras decisiones», concluye Trotti, devolviendo responsabilidad ética al centro del debate. La Inteligencia Artificial será tan benéfica o destructiva como las sociedades que la diseñen, regulen y utilicen. El desafío latinoamericano consiste en evitar que la revolución tecnológica más profunda de la historia amplíe brechas existentes en lugar de cerrarlas.












































































