Cuando un partido que lleva seis años en el poder convoca a su cúpula para hablar de humildad, la primera pregunta no es qué se dijo, sino por qué se dice ahora. Este domingo, Luis Abinader se paró ante el Comité Nacional del PRM con un mensaje que, en la superficie, suena a autocrítica: escuchar a la gente, evitar la complacencia, fortalecer la unidad interna. Pero hay una paradoja imposible de ignorar: un partido que gobierna desde agosto de 2020, que inició su segundo mandato consecutivo en agosto de 2024, y que recién en 2026 redescubre que la política «comienza escuchando con humildad». La pregunta incómoda no es si el mensaje es correcto — lo es. La pregunta es cuánto de ese mensaje se tradujo en política pública real durante estos seis años, y cuánto es posicionamiento de cara al horizonte electoral de 2028.
El llamado a la humildad del PRM no ocurrió en el vacío. Según fuentes cercanas al partido, la estructura interna del PRM enfrenta tensiones crecientes por la distribución del poder ante el ciclo electoral que se aproxima. El propio Abinader reconoció públicamente que uno de los mayores riesgos para un partido en el poder es «asumir que sus realizaciones hablan por sí mismas» — lo que equivale, en términos políticos, a admitir que esa complacencia ya es un problema real dentro de la organización.
En su discurso, el presidente enumeró avances en inversión extranjera, turismo, generación de empleos, salud y seguridad ciudadana. Sin embargo, de acuerdo con datos del Banco Central y reportes de la CEPAL correspondientes al período 2020–2024, la desigualdad estructural en la República Dominicana no registró mejoras significativas. El coeficiente de Gini se mantuvo entre los más elevados de América Latina, y la inflación acumulada durante el primer mandato golpeó de manera desproporcionada a los sectores de ingresos medios y bajos.
Abinader también defendió la reforma constitucional recientemente aprobada, presentándola como una prueba de renovación democrática y de que el proyecto del PRM «trasciende a las figuras individuales». No obstante, según juristas y organizaciones de la sociedad civil consultados por este medio, los mecanismos de consulta ciudadana previos a dicha reforma fueron insuficientes, lo que pone en entredicho la narrativa de apertura institucional que el partido intenta proyectar.
La humildad del PRM proclamada este domingo tiene un problema de credibilidad que no se resuelve con un discurso, por bien construido que esté. Durante el primer mandato de Abinader, entre 2020 y 2024, la narrativa oficial estuvo dominada por los logros macroeconómicos: crecimiento del PIB, recuperación post-pandemia, aumento del turismo. Esos datos son reales. Lo que también es real es que ese crecimiento no se tradujo en una reducción proporcional de la pobreza ni en una mejora sustancial de los servicios básicos para la mayoría de los dominicanos.
Ahora, ya entrado el segundo mandato, el presidente instruye a su partido a «bajar a los barrios, campos y comunidades». La instrucción es legítima. Pero si esa presencia territorial era necesaria, ¿por qué no fue el eje de la gestión desde el primer día? ¿Qué impidió que los funcionarios y dirigentes del PRM mantuvieran ese contacto permanente durante los primeros cuatro años?
«Si la humildad del PRM era el valor que el partido necesitaba, ¿por qué llegó como mensaje de cierre y no como punto de partida?»
— Análisis editorial · Despertar Matinal
El llamado a evitar «debates estériles» dentro del partido merece una lectura crítica adicional. En una organización política sana, el debate interno — incluso el incómodo — es síntoma de vitalidad democrática. Suprimirlo en nombre de la unidad del PRM puede significar, según analistas políticos dominicanos, el cierre de los únicos espacios donde la disidencia legítima podría operar. La unidad que se impone desde arriba no es lo mismo que la unidad que se construye desde abajo.
Profundiza en el debate político dominicano con nuestra cobertura independiente:
Ver noticias nacionales Análisis político completoLa reforma constitucional también requiere una lectura más allá de la versión oficial. Abinader afirmó que el cambio constitucional demuestra que en el PRM «no hay un solo líder, sino múltiples liderazgos». Sin embargo, de acuerdo con análisis de constitucionalistas dominicanos, la reforma no alteró de manera sustancial la concentración de poder en el Ejecutivo. Presentar un cambio constitucional — cuyo proceso de consulta fue cuestionado — como evidencia de apertura democrática es, cuando menos, una afirmación que requiere mayor respaldo empírico.
⚠ Dato Clave
Según la CEPAL, la República Dominicana mantuvo uno de los coeficientes de Gini más elevados de América Latina durante el período 2020–2024, sin variaciones significativas pese al crecimiento macroeconómico registrado en ambos mandatos del PRM.
Finalmente, el presidente señaló que «el adversario es el atraso, la pobreza y la desigualdad». Es una frase políticamente efectiva. Pero cuando un partido lleva seis años en el poder y esos tres adversarios siguen siendo los mismos que nombra en su diagnóstico, la pregunta que surge no es retórica: ¿quién ha estado gobernando mientras esos adversarios avanzaban?
La humildad del PRM proclamada ante el Comité Nacional no es un defecto como mensaje — es un defecto como cronología. Llega tarde, en el segundo mandato, cuando el margen para transformarla en política pública se estrecha. Si Abinader y su partido hubiesen aplicado este nivel de autocrítica en 2021 o 2022, el diagnóstico de hoy sería diferente. Gobernar con humildad no es pedirla en un discurso. Es demostrarla en las decisiones, en la transparencia del gasto, en la calidad de los servicios que reciben los dominicanos que no aparecen en las estadísticas de crecimiento del PIB.
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Pregunta Final
Si la humildad del PRM y el contacto con la ciudadanía son las prioridades que Abinader proclama hoy, ¿qué nombre le ponemos a los seis años en que esas prioridades brillaron por su ausencia?











































































