Resulta difícil no notar la contradicción. En el mismo salón donde un presidente llama a los jóvenes a «convertirse en guardianes de la ética», estaban sentados funcionarios cuyas instituciones acumulan cuestionamientos públicos sin respuesta oficial. El presidente Luis Abinader no solo pronunció un discurso sobre transparencia e integridad durante el Tercer Congreso Nacional de Ética y Juventud celebrado en el Ministerio de Defensa, sino que anunció que él mismo presidirá el recién creado Sistema Nacional de Ética Juvenil. Una decisión que, lejos de generar confianza, abre preguntas incómodas sobre quién fiscaliza al fiscalizador.
El acto, celebrado esta semana en el Salón de Eventos del Ministerio de Defensa, reunió a cientos de jóvenes líderes de todo el país, junto a ministros, legisladores, académicos y representantes de la sociedad civil. El presidente anunció que la primera reunión del sistema se celebrará «la próxima semana» y que los encuentros serán mensuales.
«La ética no se construye con congresos, se construye con presuntos expedientes resueltos, instituciones independientes y funcionarios que rindan cuentas.»
— Análisis editorial / Despertar Matinal
El ministro de la Juventud, Carlos Valdez, presentó como meta ampliar la red de embajadores de ética a más de 200 jóvenes certificados con presencia en todos los municipios del país. El ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, también tomó la palabra para subrayar el papel transformador de la juventud.
Paralelamente, el Ministerio Administrativo de la Presidencia (MAPRE) lanzó la 6ta Edición del Premio Nacional a la Innovación Pública, con convocatoria abierta desde el 13 de mayo hasta el 13 de julio del presente año. El evento fue encabezado por el ministro Andrés Bautista y la viceministra Xiomara Guante.
En apariencia, dos iniciativas complementarias que apuntan a una administración más eficiente y ética. En la práctica, la pregunta que ningún funcionario respondió ese día sigue siendo la más urgente: ¿cómo se construye una cultura ética desde arriba cuando los presuntos expedientes abiertos en instituciones clave del propio gobierno siguen sin resolución pública?
El discurso fue impecable en su construcción retórica. «Tenemos que poner la honestidad de moda», dijo el presidente. «Este gobierno tiene que diferenciarse en que cualquier acto de corrupción será combatido y llevado a la justicia, sea quien sea», agregó. Frases que, descontextualizadas, sonarían a programa de gobierno ejemplar. Pero el contexto importa.
Dato clave
En el congreso de ética estuvieron presentes funcionarios de instituciones actualmente bajo presuntos señalamientos públicos: el director de SeNaSa, el director de Pasaportes y el ministro de la Presidencia. Ninguna presunta irregularidad fue mencionada desde el podio.
Según informes públicos y expedientes judiciales en curso, la gestión de Abinader ha coexistido con presuntos casos de cuestionable manejo institucional: la presunta Operación Coral/5G, los señalamientos en torno al sistema de salud bajo la administración de SeNaSa, los presuntos cuestionamientos al manejo de fondos en el INABIE, y las presuntas irregularidades en el caso ONCO14, entre otros. Ninguno de estos procesos fue mencionado en el congreso. Ninguno formó parte del discurso ético del presidente.
Profundiza en el debate político dominicano con nuestra cobertura independiente:
Ver noticias nacionales Análisis político completoMás revelador aún: en el acto estaba presente el director ejecutivo de SeNaSa, Edward Guzmán Padilla, institución que, según informes públicos, ha estado en el centro de presuntas controversias presupuestarias durante el segundo mandato. Su presencia en un congreso de ética pública, sin mediar ninguna explicación institucional sobre los presuntos señalamientos que pesan sobre esa entidad, no pasa desapercibida para quienes siguen la rendición de cuentas con rigor.
La creación de un sistema que el propio presidente presidirá plantea, desde el punto de vista de la gobernanza democrática, un presunto conflicto estructural de intereses. ¿Quién audita al Sistema Nacional de Ética Juvenil si su presidente es, a la vez, el jefe del Ejecutivo? ¿Qué independencia tendrán los jóvenes «guardianes de la ética» cuando su estructura de mando reporta directamente al palacio?
La figura del ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, también genera interrogantes. Paliza habló de «innovación, participación y compromiso con el progreso» ante una audiencia juvenil, mientras el partido de gobierno, del cual es figura central, ha sido señalado públicamente por presuntas prácticas de clientelismo político y concentración de poder institucional durante sus dos mandatos consecutivos.
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El ministro Carlos Valdez, por su parte, formuló preguntas retóricas cargadas de contenido moral: «¿Cuándo fue la primera vez que alguien te ofreció algo que sabías que estaba mal y tuviste el valor de decir que no?» Una pregunta válida para cualquier joven. La misma pregunta que, según fuentes del sector civil, muchos funcionarios de la actual administración presuntamente no han podido responder de manera satisfactoria ante la opinión pública.
La ética no se construye con congresos, se construye con expedientes resueltos, instituciones independientes y funcionarios que rindan cuentas. Eso no se logra nombrando al presidente de la República como cabeza de un sistema de formación juvenil; se logra garantizando que ningún poder esté blindado frente a la ley.
Pregunta que no respondieron
¿Puede un gobierno que presuntamente no ha resuelto sus propios expedientes de corrupción liderar con autoridad moral a una generación que está mirando exactamente lo que ocurre detrás del discurso?
Cuando el presidente Abinader dijo que «desde los detalles pequeños comienza la defensa de los valores», tenía razón en el diagnóstico. Lo que no dijo es que el mayor detalle que una sociedad puede observar no es quién se adelanta en una fila, sino qué ocurre cuando el poder presuntamente se fiscaliza a sí mismo. Un Sistema Nacional de Ética presidido por el jefe del Ejecutivo no es independencia institucional: es control vertical con vocabulario de transparencia.
Los jóvenes dominicanos merecen estructuras que les permitan cuestionar al poder, no mecanismos que los incorporen al relato del poder.












































































