La Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió el jueves una advertencia crítica sobre el incremento de fallecimientos vinculados al paludismo durante 2024 a nivel mundial, acompañado de un alza preocupante en los contagios, en un contexto donde la resistencia a tratamientos farmacológicos se intensifica y amenaza con revertir dos décadas de progresos sanitarios en la lucha contra esta enfermedad transmitida por mosquitos. El informe anual del organismo expone una crisis que trasciende la dimensión epidemiológica para convertirse en un desafío geopolítico y de equidad sanitaria global.
El paludismo persiste como una problemática sanitaria de magnitud global, con aproximadamente 282 millones de casos infecciosos reportados y 610.000 fallecimientos registrados durante 2024 en todo el planeta, cifras que representan un incremento respecto a 2023 y evidencian el estancamiento de las estrategias de contención implementadas en las últimas dos décadas. El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que la convergencia de múltiples factores adversos coloca en riesgo los logros alcanzados mediante inversiones sostenidas en prevención, diagnóstico y tratamiento.
«El repunte en el número de infecciones y muertes, el creciente peligro de la resistencia a los fármacos y el efecto de las reducciones en la financiación podrían poner en peligro los logros alcanzados durante las últimas dos décadas» — Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general OMS
África soporta carga desproporcionada con crisis humanitaria infantil
El continente africano continúa siendo, de manera abrumadora, la región más devastada por la enfermedad, concentrando el 94% de los casos y el 95% de las defunciones registradas mundialmente. La inmensa mayoría de los decesos en esa área —75% del total— corresponde a menores de cinco años, evidenciando una crisis humanitaria que afecta desproporcionadamente a las poblaciones más vulnerables y perpetúa ciclos de pobreza intergeneracional. Esta concentración geográfica de la mortalidad refleja no solo desigualdades en acceso a servicios sanitarios, sino también las limitaciones estructurales de sistemas de salud débiles en países con recursos escasos.
La dimensión de la tragedia infantil trasciende las estadísticas: cada fallecimiento representa la pérdida de potencial humano, el colapso de estructuras familiares y el agravamiento de indicadores socioeconómicos en comunidades ya fragilizadas por conflictos, inestabilidad política y degradación ambiental. La OMS subraya que la malaria constituye simultáneamente causa y consecuencia del subdesarrollo, generando espirales descendentes donde la enfermedad debilita capacidades productivas mientras la pobreza limita acceso a prevención y tratamiento.
Avances en vacunación contrastan con amenazas estructurales
Pese al panorama adverso, el organismo internacional destacó progresos significativos en estrategias preventivas. Desde que la OMS autorizó las primeras vacunas antipalúdicas en 2021, un total de 24 países las ha integrado a sus programas de inmunización rutinarios, ampliando cobertura en territorios históricamente desprotegidos. La quimioprevención —uso estratégico de medicamentos durante períodos de mayor vulnerabilidad— se aplica actualmente en 20 naciones y protegió a 54 millones de infantes durante 2024, representando un salto cuantitativo extraordinario frente a los aproximadamente 200.000 niños asistidos en 2012.
Sin embargo, estos avances operan contra viento y marea. Los progresos en el combate contra la enfermedad llevaban varios años sin mejora sustancial, debido principalmente a la convergencia de tres factores críticos: cambio climático que expande zonas de transmisión vectorial hacia territorios previamente no endémicos, proliferación de conflictos armados que desarticulan sistemas sanitarios y desplazan poblaciones hacia áreas de alto riesgo, y resistencia tanto de parásitos Plasmodium a medicamentos como de mosquitos Anopheles a insecticidas convencionales.
Déficit de financiamiento amenaza con recurrencia masiva
«La insuficiencia de fondos destinados a la contención del paludismo agrava estas dificultades, lo cual conlleva un riesgo patente de una recurrencia masiva y descontrolada de la enfermedad», advirtió Daniel Ngamije, responsable de la estrategia antipalúdica en la OMS, en declaraciones que exponen la dimensión política de la crisis. La reducción de financiamiento internacional para programas de control vectorial, distribución de mosquiteros impregnados con insecticida y acceso a terapias combinadas basadas en artemisinina erosiona capacidad de respuesta precisamente cuando amenazas emergentes exigen inversión ampliada.
Tedros Adhanom Ghebreyesus insistió en que ninguno de estos obstáculos resulta insuperable si existe voluntad política y compromiso financiero sostenido. «Gracias al liderazgo de las naciones más impactadas y a las inversiones focalizadas, la meta de un mundo libre de malaria sigue siendo alcanzable», aseguró el director general, aunque reconociendo implícitamente que la trayectoria actual aleja al planeta de los objetivos de eliminación establecidos en la Estrategia Técnica Mundial contra la Malaria 2016-2030. La comunidad internacional enfrenta una encrucijada donde decisiones presupuestarias actuales determinarán si la próxima década consolida avances o presencia resurgimientos catastróficos de una enfermedad que continúa matando un niño cada minuto en África subsahariana
«El continente africano concentra 95% de muertes globales por malaria, con tres cuartas partes de víctimas menores de cinco años, evidenciando crisis humanitaria de proporciones catastróficas»
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