Un parque remozado, una bendición religiosa, un niño convertido en símbolo, un título de Hijo Distinguido entregado en pleno acto de entrega. La reinauguración del parque infantil «El Mundo de los Colores» en Higüey tuvo todos los ingredientes de una jornada emotiva. Lo que no tuvo, al menos en el discurso oficial recogido por la prensa, fue una explicación pública y desglosada de cómo se ejecutaron los RD$16,200,445.15 que costó la obra. En un país donde la gestión municipal maneja fondos públicos que salen del bolsillo del contribuyente, la pregunta no es si el parque es bonito o necesario. La pregunta es si la ciudadanía higüeyana tiene, además del parque, la información completa sobre cómo se decidió, licitó y ejecutó ese gasto.
Una obra que combina memoria familiar y presupuesto público
La Alcaldía de Higüey, bajo la gestión de Karina Aristy, reinauguró formalmente el parque infantil que originalmente fue construido durante su primera gestión municipal y entregado en enero de 2004 junto a su padre, el fallecido Amable Aristy Castro. El acto incluyó la bendición de monseñor Jesús Castro Marte y un discurso donde la alcaldesa enmarcó la obra como el cumplimiento de «una promesa» a la comunidad.
El proyecto, según la información oficial difundida, contempla seis estaciones de juegos, un área inclusiva bautizada «Rinconcito de Amor, Teomar» para niños con condiciones especiales, piso de protección de caucho, planta eléctrica de emergencia, velaría, baterías de baños, parqueo y dos cafeterías. Durante la ceremonia, el Concejo de Regidores declaró Hijo Distinguido al director de PROPEEP, Robert Polanco, «en reconocimiento a su respaldo permanente a las iniciativas» de la alcaldía —una figura que, según el mismo relato del acto, tuvo un papel activo en el corte de cinta junto a la propia alcaldesa.
Lo que el relato oficial no explica
El primer punto que merece escrutinio es de naturaleza puramente contable: una inversión municipal de más de 16 millones de pesos requiere, por ley, un proceso de licitación pública, comparación de ofertas y publicación de los términos de referencia. El comunicado difundido no menciona el proceso de contratación, el número de oferentes, ni el desglose de costos por partida —piso RubberFlex, mobiliario infantil, obra civil, iluminación—. Sin esa información, la cifra de RD$16.2 millones queda flotando como un dato de fe, no de auditoría.
El segundo punto es político. La alcaldía decidió otorgar el título de Hijo Distinguido a un funcionario de PROPEEP —entidad vinculada a la gestión de espacios públicos y proyectos comunitarios— en el mismo acto donde esa misma alcaldía inauguraba una obra ejecutada con fondos que administra. Cuando quien reconoce y quien es reconocido comparten el mismo escenario de gestión pública, la pregunta legítima no es si el reconocimiento es merecido, sino si existe algún tipo de relación contractual o de colaboración institucional entre PROPEEP y la Alcaldía de Higüey que debiera hacerse pública antes —no después— de repartir honores.
El tercer punto tiene que ver con el patrón narrativo. La gestión municipal actual construyó el relato del parque alrededor de la memoria familiar de la alcaldesa y de una historia personal conmovedora sobre un niño con condiciones especiales. Es un recurso legítimo desde lo humano, pero no sustituye la obligación de transparencia sobre el uso de fondos públicos. La emoción no es un mecanismo de rendición de cuentas, y ningún gobierno local —de Higüey o de cualquier otro municipio— debería depender de la carga sentimental de un acto para evitar preguntas sobre cómo se gastaron más de 16 millones de pesos del erario.
La Ley 340-06 sobre Compras y Contrataciones de Bienes, Servicios, Obras y Concesiones establece la obligatoriedad de procesos de licitación y publicación de términos de referencia para obras de este monto. Asimismo, la Ley 200-04 de Libre Acceso a la Información Pública reconoce el derecho ciudadano a solicitar el desglose completo de contrataciones municipales. Este medio no afirma irregularidad alguna en el proceso; señala, según el marco legal vigente, la existencia de mecanismos de transparencia que la comunidad higüeyana puede exigir sean cumplidos.
La reinauguración de «El Mundo de los Colores» deja un parque renovado y, presuntamente, un compromiso cumplido. Pero deja también un vacío informativo que ningún acto de corte de cinta debería llenar con aplausos: ¿por qué la Alcaldía de Higüey no publicó, junto al anuncio de la obra, el proceso de licitación y el desglose técnico-financiero de los más de 16 millones de pesos invertidos, antes de convertir la entrega en un acto de reconocimientos cruzados?
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