LA PAZ, Bolivia — Los enfrentamientos estallaron el jueves en la capital de Bolivia cuando la policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar a una multitud de mineros que intentaban irrumpir en el palacio de gobierno y detonar pequeñas cargas de dinamita, una táctica que se ha vuelto cada vez más común durante esta segunda semana de disturbios en todo el país.
Fue el último incidente en el creciente malestar social que desafía a la administración del presidente Rodrigo Paz, quien juró como presidente a fines del año pasado, iniciando una nueva era para la nación andina después de casi 20 años de gobierno unipartidista.
Miles de mineros descendieron al centro de La Paz para exigir reformas laborales y combustible, entre otras cosas, pero con el paso de las horas comenzaron a corear consignas pidiendo la renuncia del presidente.
Bloqueos y marchas han paralizado la capital boliviana en los últimos días. Más temprano ese mismo día, maestros de escuelas rurales marcharon por el centro de la ciudad para exigir salarios más altos, fortaleciendo aún más el control sobre la capital.
La última ola de protestas fue provocada inicialmente por agricultores que buscaban la derogación de una ley que permitía la hipoteca de tierras. Aunque el presidente firmó el miércoles por la noche un decreto que anula la ley y pidió el fin de los disturbios, las manifestaciones han seguido extendiéndose.
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