Hay películas que no necesitan convencer a la crítica para existir. A Super Mario le basta con que millones de personas compren su entrada, se sienten frente a una pantalla gigante y salgan con una sonrisa. The Super Mario Bros. Movie 2, la esperada secuela donde Super Mario viaja al universo de Galaxy, es exactamente ese tipo de fenómeno. Los especialistas han afilado sus plumas; el público, en cambio, ha vaciado las taquillas. Y en ese contraste reside una de las discusiones más reveladoras que el cine de Super Mario puede ofrecernos hoy.
¿Puede una película de Super Mario ser simultáneamente mediocre y extraordinaria? La respuesta, incómoda para todos, es sí.
Super Mario De los píxeles al celuloide
Dirigida por Aaron Horvath y Michael Jelenic —el mismo dúo que entregó la primera entrega en 2023— esta secuela de Super Mario llega con el peso de una franquicia que recaudó más de 1,300 millones de dólares en su debut. El estudio Illumination, en alianza con Nintendo, apuesta nuevamente por una animación vibrante, llena de guiños nostálgicos y acción frenética. La película lleva a Super Mario al universo estelar de Galaxy, donde la gravedad se vuelve relativa y el espectáculo visual es el verdadero protagonista.
Con 41 años de historia en la cultura popular, Super Mario no necesita presentación. Lo que sí necesita, urgentemente, es un guion a la altura de su legado.
Análisis: Lo que funciona y lo que inquieta
Las actuaciones de voz mantienen la energía del reparto original. Chris Pratt como Super Mario sigue siendo el punto más debatido: no por falta de talento, sino por la deliberada elección de un perfil descontracturado que no todos los fanáticos históricos del personaje aceptan. Jack Black, convertido en Bowser con una intensidad cómica que roza lo operístico, roba de nuevo cada escena. Anya Taylor-Joy como Peach reafirma que el universo de Super Mario ya no es el de la princesa en apuros, sino el de una líder con agenda propia.
«Super Mario no aspira a la trascendencia; aspira a la euforia. Y en esa honestidad reside su mayor virtud.»
La dirección es competente y eficiente, nunca arriesgada. Horvath y Jelenic entienden perfectamente su misión: construir una montaña rusa de 100 minutos donde Super Mario se mueve sin pausas para la reflexión. Eso puede leerse como crítica, pero también como descripción precisa de lo que el público fue a buscar. La fotografía animada es deslumbrante: los escenarios de Super Mario Galaxy mezclan el kitsch japonés con la grandiosidad de una ópera espacial.
El guion, sin embargo, es donde la crítica tiene razón en detenerse. Los arcos emocionales son telegráficos; los giros narrativos, predecibles. La relación entre Super Mario y Luigi, que podría ser el corazón dramático de la saga, se resuelve en subtramas que apenas rozan la superficie. Se siente como si el guion hubiera sido escrito para no interferir con los set pieces visuales de Super Mario, relegando la escritura al rol de pegamento entre secuencias de acción.
El ritmo es implacable, a veces hasta el agotamiento. No hay espacio para respirar, para que el espectador procese lo que el universo de Super Mario acaba de mostrarle. Es cine de adrenalina pura.
Lectura Crítica: El negocio como mensaje
Aquí está el quid de la cuestión: Super Mario no es solo una película. Es la punta de lanza de una estrategia de expansión de universo. Nintendo ha comprendido, quizás mejor que cualquier otra compañía de entretenimiento, que Super Mario es un ícono cultural que trasciende generaciones. La película de Super Mario no pretende ganar un Oscar; pretende vender parques temáticos, merchandising, consolas y nostalgia empaquetada.
Existe en ello una honestidad brutal que los puristas del cine de autor encuentran perturbadora. El arte se pliega al producto. La narrativa de Super Mario sirve a la marca. Pero, ¿es eso necesariamente malo? El cine comercial siempre ha funcionado así; lo que ha cambiado con Super Mario es la escala y la sofisticación del mecanismo.
El impacto cultural de Super Mario merece atención especial en el contexto latinoamericano. Es quizás el único ícono del entretenimiento digital capaz de unir a un niño de ocho años con su abuelo de sesenta. Esa universalidad de Super Mario no se construye en un guion: se construye en décadas de presencia en la cultura popular global.
Valoración por categoría — Super Mario Bros. Movie 2
Valoración General
Super Mario hace exactamente lo que promete: entretener sin concesiones intelectuales, deslumbrar sin ambiciones artísticas, y abrazar con fuerza su condición de producto cultural de consumo masivo. La crítica que cuestiona a Super Mario no está equivocada; simplemente está evaluando con el metro equivocado. No es una obra de arte, ni pretende serlo.
Lo que resulta genuinamente fascinante —y preocupante para quienes aman el cine como lenguaje— es observar cómo el éxito de Super Mario en taquilla se ha convertido en el único argumento que parece importar. Si Super Mario arrasa, funciona. Si funciona, es bueno. Esa lógica circular es el verdadero debate que esta película pone sobre la mesa.
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