El crecimiento acelerado de las viviendas destinadas a alquileres turísticos de corta duración ha transformado en pocos años la estructura del alojamiento en República Dominicana y plantea nuevos retos para la planificación de un destino que continúa ampliando sus cifras de visitantes.
En ese escenario surge RENATUR, una iniciativa impulsada por el Ministerio de Turismo (MITUR) como parte del proceso para identificar, registrar y organizar la oferta de propiedades destinadas a estancias turísticas de corta duración.
La propuesta se desarrolla en momentos en que este segmento ha alcanzado una dimensión considerable dentro de la capacidad de alojamiento nacional. Datos atribuidos al Ministerio de Turismo sitúan actualmente la oferta de rentas cortas en más de 142,000 habitaciones, una cifra que evidencia el peso adquirido por esta modalidad dentro de la industria turística dominicana.
Más que detener el crecimiento de este modelo, el desafío para las autoridades consiste en incorporarlo a una estructura que permita conocer quiénes participan en la actividad, dónde se encuentran las propiedades y bajo cuáles condiciones se ofrece el servicio a los visitantes.
De una oferta alternativa a un componente del turismo
Las rentas cortas han dejado de representar un segmento marginal. Su expansión ha acompañado el crecimiento del turismo inmobiliario, la construcción de apartamentos en los principales destinos y el cambio en las preferencias de determinados perfiles de viajeros.
Familias, grupos de amigos, viajeros de larga estancia y visitantes que buscan mayor independencia durante sus vacaciones encuentran en apartamentos, villas y residencias una alternativa a los establecimientos hoteleros tradicionales.
Este crecimiento también ha permitido ampliar la capacidad de alojamiento en zonas donde la planta hotelera es limitada, facilitando que los beneficios del turismo alcancen nuevos territorios y generando actividad para administradores de propiedades, servicios de limpieza, mantenimiento, transporte, gastronomía y comercios locales.
La dimensión alcanzada por el segmento, sin embargo, plantea la necesidad de contar con mecanismos de información y seguimiento más precisos.
RENATUR y el reto de conocer la oferta real
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La importancia de una herramienta como RENATUR radica inicialmente en la posibilidad de construir una radiografía más completa del alojamiento turístico no hotelero.
Un registro organizado permitiría disponer de información sobre la ubicación y características de las unidades que operan bajo esta modalidad, aportando datos para la planificación turística y territorial.
República Dominicana ya dispone del Registro Nacional Turístico (RNT) para prestadores de servicios y establecimientos vinculados a la actividad turística, dentro de una estructura que busca ofrecer mayor transparencia sobre los operadores autorizados. RENATUR vendría a responder a las particularidades de un segmento mucho más atomizado, compuesto tanto por propietarios individuales como por administradores profesionales de múltiples unidades.
Su desarrollo también podría facilitar una discusión más ordenada sobre aspectos que durante años han acompañado el crecimiento de las rentas cortas: seguridad de los huéspedes, convivencia residencial, ordenamiento territorial, protección del consumidor y obligaciones tributarias.
El equilibrio entre formalización y crecimiento
El principal desafío estará en encontrar un modelo que reconozca las diferencias entre la hotelería tradicional y las viviendas turísticas sin perder de vista que ambas forman parte de la experiencia de alojamiento del visitante.
El debate no debería limitarse a establecer quién compite con quién.
Las rentas cortas han generado una nueva dinámica económica y ampliado las posibilidades de inversión inmobiliaria vinculadas al turismo. Al mismo tiempo, los hoteles operan bajo requerimientos específicos relacionados con licencias, seguridad, fiscalidad, empleo y prestación de servicios.
Encontrar un punto de equilibrio supone definir reglas comprensibles y proporcionales a la naturaleza de cada actividad.
La discusión adquiere mayor importancia ante el rápido crecimiento del inventario. Las estadísticas disponibles muestran que el país pasó de alrededor de 39,943 propiedades activas en diciembre de 2022 a más de 43,000 unidades posteriormente registradas por las mediciones oficiales, mientras estimaciones más recientes colocan el inventario total de habitaciones de renta corta por encima de las 142 mil.
Una herramienta también para la planificación de los destinos
Conocer dónde se concentra la oferta permitiría identificar con mayor precisión la verdadera capacidad de alojamiento de cada destino y anticipar necesidades relacionadas con movilidad, seguridad, agua, energía, residuos y otros servicios.
Este aspecto es especialmente relevante en zonas con fuerte desarrollo inmobiliario turístico, donde el crecimiento de apartamentos y villas puede modificar considerablemente la población flotante sin que necesariamente ese incremento quede reflejado en las estadísticas hoteleras tradicionales.
También permitiría dimensionar mejor la aportación de las rentas cortas a destinos urbanos y emergentes, donde esta modalidad puede desempeñar un papel importante ante la ausencia de una amplia planta hotelera.
Un nuevo capítulo para el alojamiento turístico dominicano
La iniciativa abre ahora la posibilidad de avanzar desde el debate hacia una mayor organización de esta oferta. Su impacto dependerá finalmente del alcance que adopte, de la facilidad de los procesos de registro y de la coordinación entre Turismo, las instituciones fiscales, los gobiernos locales, las plataformas digitales y el sector privado.
Para República Dominicana, el reto consiste en aprovechar el crecimiento de las rentas cortas como parte de la diversificación de su oferta turística, pero acompañándolo de mecanismos que aporten información, seguridad y reglas claras.
En una industria que avanza hacia nuevos récords de visitantes, conocer con precisión dónde se alojan esos viajeros y bajo qué modalidades será cada vez más importante. RENATUR podría convertirse, en ese sentido, en una pieza relevante para integrar las rentas cortas a la planificación del turismo dominicano sin desconocer el peso económico y la capacidad de alojamiento que este segmento ya representa.













































































