Cada cambio de mando en una institución cultural dominicana viene acompañado del mismo guion: discursos de agradecimiento, seis ejes estratégicos, promesas de «innovación» y «sostenibilidad», y ni una sola cifra que permita a la ciudadanía verificar si la gestión anterior cumplió lo que prometió. Esta vez el protagonista es Joan Ferrer, nuevo director general de Museos, posesionado por el ministro de Cultura Roberto Ángel Salcedo. La pregunta que Despertar Matinal se hace no es sobre las credenciales académicas del nuevo funcionario —que las tiene, y abundantes— sino sobre algo más incómodo: ¿bajo qué criterios se decide quién dirige el patrimonio histórico de un país, y quién audita si esa dirección funcionó?
El Ministerio de Cultura confirmó la salida de Carlos Andújar, sociólogo y antropólogo que encabezó la Dirección General de Museos con un enfoque declarado en investigación y conservación patrimonial. En su reemplazo llega Joan Ferrer, abogado, historiador y genealogista con una maestría en Genealogía y Archivística por la Universidad de Córdoba, España, e investigador asociado del Dominican Studies Institute de la City University of New York (CUNY). Ferrer no es un desconocido en la administración pública: dirigió durante cinco años la Dirección de Ferias del Libro del mismo Ministerio, período del cual se destaca —según el propio funcionario— la implementación de «un nuevo modelo de organización».
Este relevo ocurre bajo la actual gestión oficialista, que inició su primer mandato en agosto de 2020 y que, tras ganar la reelección, cursa desde agosto de 2024 su segundo período consecutivo. Son, cabe subrayar, dos mandatos distintos y no un bloque continuo de «cuatro años», como suele presentarse en la narrativa oficial. En ese lapso, la política cultural dominicana ha transitado por múltiples relevos en direcciones clave, casi siempre presentados como avances, casi nunca acompañados de una evaluación pública de resultados.
El acto de posesión repite una fórmula ya conocida: seis ejes estratégicos —custodia patrimonial, accesibilidad, sostenibilidad financiera, modelo de gestión estandarizado, identidad nacional y producción de investigación— anunciados sin indicadores, sin plazos y sin presupuesto público asociado. Es un lenguaje de gestión que suena técnico pero que, al no venir acompañado de metas verificables, funciona más como discurso de legitimación que como plan de trabajo auditable.
Un ministerio que elogia su propio relevo institucional sin publicar una sola cifra de evaluación no está informando: está gestionando su imagen.
Llama la atención, además, la opacidad del dato sobre el proceso de selección. No se explica públicamente por qué Andújar sale del cargo, si su gestión fue evaluada, con qué resultados, ni bajo qué mecanismo —concurso, designación directa, recomendación institucional— se eligió a Ferrer. En un sector históricamente subfinanciado como el de los museos dominicanos, donde la queja recurrente de investigadores y gestores culturales es la falta de recursos operativos y de personal técnico permanente, la ausencia de esa información no es un detalle menor: es la diferencia entre una gestión pública verificable y un ejercicio de comunicación institucional.
Tampoco hay base de comparación que permita al ciudadano medir si el «modelo de gestión estandarizado» que promete Ferrer representa una mejora real frente a administraciones anteriores, o si se trata simplemente de la retórica habitual con la que cada nuevo director inaugura su gestión. Sin cifras de presupuesto ejecutado, sin indicadores de visitación, conservación o inversión en infraestructura museística, la ciudadanía queda nuevamente reducida al rol de espectadora de un acto protocolar, no de fiscalizadora de una política pública.
Joan Ferrer llega a la Dirección General de Museos con credenciales académicas sólidas, eso nadie lo discute. Lo que sigue en discusión es si su gestión —como la de su antecesor— será medida alguna vez con datos públicos, o si en cinco años otro funcionario será posesionado repitiendo los mismos seis ejes estratégicos, mientras el patrimonio museístico dominicano continúa dependiendo de la voluntad discrecional de cada administración de turno.
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