SANTO DOMINGO. – Los mercados Nuevo de la Duarte y Villa Agrícolas, tradicionalmente abarrotados durante diciembre, exhiben una realidad comercial inquietante: pasillos semivacíos, vendedores ociosos y productos sin compradores. La combinación de precios «por las nubes» y ausencia crítica de poder adquisitivo ha paralizado el comercio en vísperas navideñas, exponiendo una brecha creciente entre el costo de vida y los ingresos de familias dominicanas.
«No hay dinero en la calle», resume Fernando Araujo, vendedor del Mercado Nuevo, describiendo una problemática que trasciende su puesto individual para convertirse en síntoma de crisis económica que amenaza con apagar el espíritu navideño para millones de dominicanos que tradicionalmente celebran estas fechas con inversión significativa en alimentos especiales.
La matemática imposible de la supervivencia
Los números exponen una ecuación insostenible: la canasta familiar alcanza RD$45,000 mientras el salario promedio ronda RD$20,000. Esta brecha de más del doble entre necesidades básicas e ingresos disponibles fuerza a familias a decisiones imposibles sobre qué comer, qué comprar y qué sacrificar.
«La gente viene con su presupuesto y lo que hacen es que compran menos de la mitad de lo que necesitan», explicó Araujo, describiendo escenas cotidianas donde compradores calculan obsesivamente cada peso, eliminando artículos de sus listas hasta reducir compras a mínimos absolutos de supervivencia. Esta contracción del consumo tiene efectos en cascada: comerciantes sin ventas, proveedores sin pedidos, economía local estancada.

Productos esenciales fuera del alcance
El bacalao, ingrediente tradicional de celebraciones navideñas dominicanas, experimentó alza dramática de RD$150 a RD$225 la libra, con cajas alcanzando RD$11,500. El arroz, alimento básico diario, regresó a RD$40 la libra. El pollo entero oscila entre RD$95 y RD$110 la libra, empujando a familias hacia «carapachos, pico y pala» (partes menos nutritivas) por necesidad económica.
Profundiza en el debate político dominicano con nuestra cobertura independiente:
Ver noticias nacionales Análisis político completoMichel, alias «El Buenón», carnicero del mercado, reporta que incluso vendiendo carne de cerdo «casi perdiéndole» a RD$125 la libra, no encuentra demanda. Los plátanos alcanzan RD$40 por unidad, la yautía RD$70 la libra. Productos que hace meses eran accesibles para clases trabajadoras ahora representan lujos inalcanzables.
El fracaso de los controles gubernamentales
La Coordinadora de Organizaciones Barriales Don Bosco (CODONBOSCO), Cepatode y la Asociación de Comités de Amas de Casas del Distrito Nacional lanzaron llamado de emergencia al presidente Luis Abinader para que tome «el control de la situación de exclusión social de los pobres». Alexis Rafael Peña, vocero de las organizaciones, calificó como «criminales» los aumentos de precios.
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Las organizaciones denunciaron que la supuesta «mesa de precios» del gobierno ha sido un fracaso operativo. Además, calificaron de «burla» que el Instituto Nacional de Protección de los Derechos del Consumidor (Pro-Consumidor) se excuse de responsabilidades alegando falta de control legal. Esta abdicación institucional deja a consumidores vulnerables sin protección efectiva ante especulación y aumentos injustificados.

Crisis sanitaria derivada de malnutrición
Las organizaciones advierten sobre consecuencias que trascienden lo económico: «El alto costo de la vida de la ciudadanía está llevando a la gente a los centros de salud de manera masiva por enfermedades gastrointestinales, bacterias y tuberculosis por falta de comer las tres comidas al día». Esta advertencia conecta crisis económica con emergencia sanitaria, donde malnutrición genera vulnerabilidad a enfermedades prevenibles.
Cuando familias sustituyen proteínas completas por partes animales descartables, eliminan frutas y verduras de dietas diarias, y reducen comidas de tres a dos o una por día, las consecuencias en salud pública son predecibles y devastadoras, especialmente para niños en desarrollo y adultos mayores con necesidades nutricionales específicas.
La inflación oficial vs. la inflación vivida
Existe desconexión notable entre cifras oficiales de inflación (4.81% interanual según el Banco Central) y la experiencia vivida en mercados populares donde productos básicos aumentaron 30-50% en meses recientes. Esta brecha sugiere que índices generales de precios no capturan adecuadamente impacto en hogares de bajos ingresos donde alimentación representa porcentaje desproporcionado del gasto.
El fenómeno no es único de República Dominicana. Economías latinoamericanas enfrentan tensiones similares entre estabilidad macroeconómica aparente y deterioro microeconómico en sectores vulnerables. Sin embargo, la magnitud de la brecha entre canasta familiar y salarios dominicanos sugiere crisis de accesibilidad particularmente aguda.
El riesgo de éxodo y desestabilización
Las organizaciones concluyeron su llamado urgiendo al presidente tomar medidas para «evitar que en el país exista una desbandada de la población carenciada para el año 2026». Esta advertencia sobre potencial migración masiva conecta crisis alimentaria con estabilidad social, sugiriendo que familias sin esperanza de subsistencia digna buscarán oportunidades en otros países, generando crisis migratoria y pérdida de capital humano.
El precedente de crisis similares en Venezuela, Haití y otros países latinoamericanos demuestra que deterioro económico sostenido puede catalizar éxodos poblacionales masivos con consecuencias regionales. República Dominicana, históricamente destino de migrantes, podría convertirse en origen de flujos migratorios si las condiciones económicas continúan deteriorándose.
Soluciones ausentes, urgencia creciente
Hasta ahora, el gobierno de Abinader no ha anunciado medidas específicas para abordar la crisis de accesibilidad alimentaria. Las opciones disponibles incluyen subsidios directos a alimentos básicos, controles de precios temporales, importaciones estratégicas para aumentar oferta, y programas de transferencias condicionadas para familias vulnerables. Cada opción implica costos fiscales y desafíos de implementación.
Sin embargo, la ausencia de respuesta también tiene costos: erosión de confianza ciudadana, deterioro nutricional poblacional, posible inestabilidad social y daño económico por contracción del consumo interno. La pregunta ya no es si intervenir, sino cuándo y cómo hacerlo efectivamente antes de que la crisis escale a dimensiones inmanejables.
Ninguna estabilidad macroeconómica justifica dejar a familias decidiendo entre comer o enfermar; cuando el salario no alcanza para la mitad de la canasta básica, el Estado tiene obligación moral de intervenir antes de que la desesperación se convierta en crisis humanitaria.










































































