La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) acaba de otorgarle a República Dominicana el reconocimiento de Hambre Cero. La noticia suena bien. Suena, incluso, a logro incuestionable. Pero cuando un Estado celebra una meta calculada a partir de sus propias cifras, la pregunta obligada no es si el hambre bajó, sino quién midió, con qué datos y bajo qué supervisión externa. Esa pregunta, hasta ahora, no tiene respuesta pública clara. Y en un país donde el costo de la canasta básica ha subido con fuerza desde 2020, la distancia entre el titular internacional y la mesa de millones de dominicanos merece ser examinada con calma, no aplaudida sin revisión.
Dos lecturas de un mismo informe
El reconocimiento de Hambre Cero otorgado por la FAO generó posiciones abiertamente encontradas dentro del sector agropecuario dominicano. Por un lado, dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) —Adriano Sánchez Roa, secretario de Asuntos Agropecuarios, y Geovanny Arias, subsecretario— cuestionaron que la declaratoria refleje la realidad alimentaria del país. Por el otro, la Confederación Nacional de Productores Agropecuarios (CONFENAGRO) respaldó el reconocimiento como un reflejo del esfuerzo del sector productivo.
Sánchez Roa sostuvo, según sus propias declaraciones, que el país produce actualmente el 70.4% de los alimentos que consume, frente al 88.5% de autosuficiencia alimentaria que —afirmó— existía al cierre de la gestión de Danilo Medina. Añadió que productos como el arroz, el pollo, los huevos y las carnes registran incrementos superiores al 80% respecto a agosto de 2020, fecha que marca el inicio del primer período del actual oficialismo.
Geovanny Arias fue más directo: calificó de «ofensivo» hablar de Hambre Cero mientras, según su lectura, hogares completos en zonas rurales y barriales apenas logran una o dos comidas diarias. CONFENAGRO, en cambio, celebró el resultado como prueba del impacto de la inversión en el campo y llamó a mantenerla.
La autoevaluación no es lo mismo que la auditoría
Aquí está el punto que ninguna de las dos partes resolvió del todo: la FAO no mide el hambre con sensores propios en cada comunidad dominicana. Sus reportes dependen, en buena medida, de la información que suministran las propias instituciones oficiales del país evaluado. Eso no significa automáticamente que el dato sea falso, pero sí obliga a preguntar con qué metodología, qué muestra y qué margen de error se construyó la cifra que hoy el Estado exhibe como un triunfo propio.
El propio Sánchez Roa lo advirtió: si las estadísticas de producción incluyen alimentos importados contabilizados como producción nacional, la conclusión sobre seguridad alimentaria puede quedar distorsionada. Es una hipótesis que merece verificación, no descarte automático, pero tampoco aceptación ciega.
Hay una segunda capa incómoda: ¿respecto a qué base se compara este supuesto avance? Un gobierno que llegó al poder en 2020, tras un partido —el PLD— que gobernó más de dos décadas, no puede presentar cualquier mejora estadística como una hazaña sin explicar el punto de partida real. Comparar la gestión actual únicamente contra los años finales del gobierno anterior, sin mostrar series históricas completas y auditadas de forma independiente, es una elección metodológica, no un hecho neutral. La legitimidad de un dato depende de quién lo mide, no de quién lo anuncia.
Profundiza en el debate político dominicano con nuestra cobertura independiente:
Ver noticias nacionales Análisis político completoY hay una tercera pregunta que rara vez se hace en voz alta: cuando un Estado se otorga —o recibe— una distinción y la convierte en material de comunicación política, ¿quién audita al que se autoevalúa? La FAO respalda el dato, pero el dato nace en las oficinas del propio gobierno.
CONFENAGRO tiene razón en un punto: el informe de la FAO reconoce que persiste el desafío de garantizar dietas saludables para toda la población. Esa salvedad, casi siempre omitida en los titulares triunfalistas, es la que debería encabezar cualquier lectura seria del anuncio.
«Hablar de Hambre Cero es ofensivo mientras hay hogares que solo comen una o dos veces al día.»
- El dato no refleja la realidad de las familias
- Producción nacional cayó a 70.4%
- Precios de alimentos suben más que los ingresos
- El reconocimiento respalda el trabajo del sector
- Debe impulsar más inversión agropecuaria
- La FAO advierte que el reto de dietas saludables persiste
Las cifras de producción, consumo y precios citadas en este artículo corresponden a declaraciones públicas de dirigentes del PLD y de CONFENAGRO, y no han sido verificadas de forma independiente por esta redacción. El reconocimiento de la FAO se basa, según fuentes consultadas por los propios dirigentes citados, en información suministrada por instituciones oficiales del Estado dominicano, cuya metodología completa no ha sido publicada para escrutinio público.
Nota de verificación
Suscríbete y recibe las historias más importantes del día.
Al suscribirte aceptas nuestros términos y condiciones y política de privacidad.
Las cifras de producción, consumo y precios citadas en este artículo corresponden a declaraciones públicas de dirigentes del PLD y de CONFENAGRO, y no han sido verificadas de forma independiente por esta redacción. El reconocimiento de la FAO se basa, según fuentes consultadas por los propios dirigentes citados, en información suministrada por instituciones oficiales del Estado dominicano, cuya metodología completa no ha sido publicada para escrutinio público.
¿Puede un gobierno celebrar como propio un reconocimiento de Hambre Cero construido, en gran parte, con sus propios datos?











































































