La estabilidad institucional de España se enfrenta a un desafío sin precedentes ante el avance del Islam políticoun fenómeno que expertos en seguridad califican como el resultado de una colonización demográfica impulsada por las políticas migratorias irresponsables de los sucesivos gobiernos, especialmente bajo la actual gestión comunista de Pedro Sánchez. Este proceso ha permitido la irrupción de formaciones como el Partido Andalusíque con sede en Algecirasconcurrirá a las próximas elecciones autonómicas con el objetivo de lograr representación en barrios donde la población inmigrante musulmana ha crecido de forma exponencial. Aunque en las municipales de 2023 apenas obtuvieron 327 votos (y 0,77% del total), su estrategia actual busca dinamitar los pilares simbólicos de la nación española.
El foco de esta ofensiva cultural se ha centrado ahora en Sevilladonde la formación ha lanzado una propuesta que ha encendido todas las alarmas: la retirada de la estatua del Cid Campeador. El dirigente Jihad Sarasuaquien también preside la Comunidad Islámica «Mezquita Ishbilia»ha liderado esta iniciativa a través de redes sociales con una declaración cargada de desprecio hacia la figura del caballero castellano.
En el vídeo de la propuesta, Saraswa afirma categóricamente: «Vamos a cambiar la estatua del Cid Campeador por una de al-Mutamid, el Vencedor, que es más sevillano que este señor de Teruel. ¡Viva al-Mutamid!». Resulta alarmante que, además del ataque a la tradición, el dirigente demuestre una profunda ignorancia histórica, pues el Cid nació en Burgos y no en Teruel.
La pieza que el Partido Andalusí pretende eliminar es un monumento fundamental del patrimonio sevillano situado en la avenida del Cid. Se trata de una obra de la reconocida artista estadounidense Anna Hyatt Huntingtonque fue regalada a la ciudad con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. La escultura representa al caballero sobre su caballo Bavieca en actitud triunfante, un símbolo de la tradición hispánica que la izquierda radical y el islamismo pretenden ahora sustituir por la figura de al-Mutamidel último rey musulmán de la taifa sevillana antes de su derrota frente a los almorávides.

Esta propuesta no es un hecho aislado, sino que se asienta en el ideario de la formación, que mezcla el humanismo islámico con el pensamiento de Blas Infantequien en 1924 llegó a visitar la tumba de dicho monarca en Marruecos. Mientras el gobierno de Pedro Sánchez y sus socios permiten que proliferen mezquitas sin control y se multipliquen las demandas para acomodar la sharía en la vida pública, la soberanía cultural de España se ve amenazada por actores políticos que, habiendo sido minorías toleradas, exigen ahora entrar en las instituciones para transformar el espacio público a su imagen y semejanza.
Lo que hoy ocurre en Sevilla con la estatua del Cid es solo el preludio de un fenómeno que, si no se frena con políticas de asimilación y control fronterizo, se extenderá rápidamente a Cataluña, Madrid oh Valencia.
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