El Reino Unido enfrenta un nuevo desafío económico ante la persistencia de los elevados precios de la energía, una situación que está obligando al Banco de Inglaterra (BoE) a reconsiderar su estrategia de tasas de interés mientras la economía británica muestra fuertes señales de vulnerabilidad.
Dos altos responsables del banco central, las subgobernadoras Clara Lombardelli y Sara Breedenadvirtieron este jueves que podrían acercarse al momento de respaldar un aumento del costo del crédito si las presiones inflacionarias continúan acumulándose. Ambas votaron la semana pasada a favor de mantener la tasa de referencia en el 3,75%, pero sus declaraciones reflejan una creciente preocupación por los efectos prolongados del shock energético.
La situación expone una de las principales dificultades que enfrenta actualmente la economía británica: el país debe contener una inflación que amenaza con acelerarse nuevamente mientras intenta evitar un endurecimiento monetario que podría afectar todavía más la actividad económica y el empleo.
Lombardelli advirtió durante un discurso en Varsovia que cuanto más tiempo permanezcan elevados los precios de la energía, mayor será el riesgo de que sus efectos se trasladen al resto de la economía. El incremento podría influir en las expectativas de inflación, las negociaciones salariales y las decisiones de las empresas, generando una presión más persistente sobre los precios.
Breeden transmitió una preocupación similar durante un foro económico en Londres. La funcionaria señaló que el Banco de Inglaterra deberá evaluar cuidadosamente la magnitud del shock energético y determinar cuánto del incremento de los costos está llegando a otros sectores de la economía.
El problema adquiere mayor dimensión porque el banco central británico prevé que la inflación supere el 4% a comienzos del próximo añomás del doble de su objetivo del 2%. La perspectiva supone un nuevo revés para una economía que esperaba avanzar hacia una etapa de menores tasas de interés y condiciones financieras más favorables.

Hasta ahora, el BoE ha evitado seguir los pasos de la Reserva Federal estadounidense y el Banco Central Europeo, que ya elevaron sus tasas. La institución británica mantuvo su tasa en 3,75% la semana pasada, pero dejó abierta la posibilidad de endurecer nuevamente la política monetaria si la guerra relacionada con Irán mantiene elevados los precios de la energía.
La situación también evidencia el estrecho margen de maniobra del banco central. Subir las tasas podría ayudar a contener las expectativas inflacionarias y evitar que el shock energético se transforme en aumentos persistentes de salarios y precios. Sin embargo, un mayor costo del crédito podría añadir presión sobre hogares y empresas en un momento en que el mercado laboral británico ya muestra señales de debilitamiento.
Una funcionaria del Comité de Política Monetaria Swati Dhingra ofreció una perspectiva menos alarmista. La funcionaria sostuvo que será necesario observar los meses de invierno para determinar cuánto de las actuales presiones se convertirá en inflación permanente. También recordó que el Reino Unido no atraviesa todavía una situación idéntica a la de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania provocó un fuerte aumento de los precios energéticos.
Dhingra destacó que actualmente el mercado laboral es más débil y que los aumentos de precios no están tan extendidos como durante aquella crisis. Precisamente ese contraste pone de manifiesto la dificultad actual: el Reino Unido enfrenta una nueva perturbación externa cuando algunos de sus indicadores económicos siguen mostrando fragilidad.

Los mercados financieros ya reflejan una creciente preocupación por el rumbo de la política monetaria. Los inversores asignan alrededor de un 75% de probabilidad a un aumento de 25 puntos básicos en la reunión de noviembre y descuentan completamente otra subida para febrero.
El gobernador del Banco de Inglaterra, Andres Baileytambién reconoció el deterioro del escenario. Aunque anteriormente había señalado que la decisión de no aplicar algunos recortes de tasas previstos a comienzos de año ya había contribuido a endurecer las condiciones financieras, posteriormente advirtió que cuanto más se prolongue el aumento de los precios energéticos, más complicada será la situación.
Con Bailey previsto para hablar públicamente este viernes, el Reino Unido llega a una nueva etapa de incertidumbre: inflación por encima del objetivo, energía costosa, un mercado laboral debilitado y la posibilidad de tasas más altas vuelven a limitar el margen de maniobra de su economía.

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