Otra vez la misma escena: un ministro, un salón lleno de empresarios y una promesa de infraestructura que transformará una región. El lunes fue el turno de Santiago, donde el ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, y el director de RD Vial, Hostos Rizik, presentaron ante la Asociación para el Desarrollo (Apedi) el proyecto de la Autopista del Ámbar. La pregunta que Despertar Matinal se hace no es si la vía es necesaria —probablemente lo sea—, sino si el entusiasmo institucional corresponde al estado real de avance de una obra que, hasta el momento, existe únicamente en fase de licitación.
En la actual gestión del presidente Luis Abinader, que inició su segundo mandato en agosto de 2024, la presentación de megaproyectos ante gremios empresariales se ha convertido en un formato recurrente de comunicación política. La Autopista del Ámbar conectaría Santiago con Puerto Plata en un tiempo estimado de 23 minutos, con cuatro carriles, velocidad de diseño de 100 km/h y una inversión proyectada de RD$32,000 millones, según la nota informativa oficial. Rizik indicó que el proceso de licitación pública nacional e internacional continúa su curso y que los detalles del diseño se conocerán «en los próximos días». Es decir: no hay contrato adjudicado, no hay constructora seleccionada y no hay cronograma de ejecución público. Lo que sí hay es un discurso ya cerrado sobre sus beneficios, presentado como certeza ante un auditorio empresarial que —según la propia Apedi— «respalda» el proyecto sin que exista todavía un compromiso contractual firmado por el Estado.
El análisis crítico exige separar tres planos que el evento en Santiago mezcló deliberadamente: el plano técnico, el plano financiero y el plano turístico. En lo técnico, las especificaciones difundidas —túneles, interconexiones expresas, cuatro carriles— corresponden a un anteproyecto, no a una obra en ejecución. Presentar renders y datos de diseño como si fueran garantía de entrega es una práctica de comunicación gubernamental que Despertar Matinal ha señalado en otras coberturas: la confusión entre anuncio y obra concluida.
«Presentar un anteproyecto como una obra en marcha, ante empresarios que aún no tienen contrato firmado por el Estado, no es transparencia: es relaciones públicas con cargo al erario.»
Despertar MatinalEn lo financiero, RD$32,000 millones es una cifra que, según fuentes del propio Fideicomiso RD Vial, aún depende de una licitación abierta cuyos términos definitivos —esquema de financiamiento, si será deuda pública, concesión o alianza público-privada— no fueron precisados ante los empresarios. Esa opacidad no es un detalle menor: determina quién asume el riesgo si el proyecto sufre sobrecostos, un patrón que la región Norte ya conoce en obras viales anteriores.
En lo turístico, que es el eje que este medio no puede dejar fuera del análisis, la promesa de conectar «dos de los principales polos productivos y turísticos» del país merece escrutinio propio. Puerto Plata y Santiago son corredores estratégicos para el turismo interno y de naturaleza, pero una autopista de alta velocidad diseñada primero para carga comercial e industria no garantiza automáticamente beneficios equitativos para el ecosistema turístico local: pequeños operadores, rutas de aventura, comunidades rurales en la ruta del Ámbar. El riesgo, si no hay planificación territorial explícita, es que la conectividad termine favoreciendo grandes cadenas y corredores logísticos antes que al turismo comunitario que Despertar Matinal ha documentado como vulnerable ante megaproyectos sin consulta previa.
Las cifras de inversión, especificaciones técnicas y plazos citados en este artículo provienen de la nota informativa oficial difundida por el Ministerio de la Presidencia y el Fideicomiso RD Vial. Al tratarse de un proyecto en fase de licitación, Despertar Matinal no puede validar de forma independiente su ejecución, financiamiento definitivo ni cronograma real, y así lo consigna este medio.
Ningún gremio empresarial tiene la obligación de exigir transparencia total antes de respaldar un proyecto, pero el Estado sí tiene la obligación de ofrecerla antes de convertir un anteproyecto en un acto de campaña de obra pública. Mientras eso no ocurra, la Autopista del Ámbar seguirá siendo, técnicamente, una promesa con renders.
¿Debería el Gobierno esperar a tener la licitación de la Autopista del Ámbar adjudicada antes de presentarla como un hecho consumado ante el sector empresarial?
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