El turismo dominicano no se sostiene solo con playas y hoteles de lujo. Se sostiene, en buena medida, con agentes uniformados que orientan a viajeros desorientados, acompañan a víctimas de robos a fiscalías y ayudan a localizar pasaportes perdidos en aeropuertos concurridos. POLITUR —el Cuerpo Especializado de Seguridad Turística— opera en esa primera línea invisible. Y cuando el Estado presenta sus cifras con orgullo institucional, vale la pena detenerse a preguntar lo que los boletines oficiales no dicen: ¿con cuántos recursos humanos se sostiene ese esfuerzo?, ¿cuánto cuesta y quién lo financia?, ¿qué ocurre cuando la demanda supera la capacidad instalada?
Turistas beneficiados
3,688,782
Ene–Abr 2026
Asistencias directas
838,523
Extranjeros + dominicanos
Cruceristas atendidos
1,524,794
Primer cuatrimestre
Total acumulado 2025
11,534,679
Turistas beneficiados
De acuerdo con estadísticas oficiales de POLITUR, durante el período comprendido entre enero y abril de 2026, la institución registró:
- 663,137 asistencias a visitantes extranjeros
- 175,386 asistencias a ciudadanos dominicanos
- Total de asistencias directas: 838,523
En términos de turistas beneficiados, las cifras escalan considerablemente: 1,599,468 extranjeros, 564,520 dominicanos y 1,524,794 cruceristas, para un acumulado de 3,688,782 turistas beneficiados en los primeros cuatro meses del año.
La comparativa con 2025 también resulta significativa: según reportes institucionales, ese año POLITUR registró un total de 11,534,679 turistas beneficiados, distribuidos en cuatro trimestres con una presencia constante en destinos clave del territorio nacional.
La cobertura geográfica abarca aeropuertos, puertos turísticos, playas, centros históricos, zonas hoteleras y terminales de cruceros, lo que ubica a POLITUR como uno de los cuerpos de seguridad con mayor dispersión territorial en el país.
«Las cifras de POLITUR revelan un esfuerzo institucional de gran escala, pero el Estado dominicano omite lo más relevante: con cuántos recursos humanos y qué presupuesto se sostiene ese operativo.»
— Análisis editorial, Despertar Matinal
Las cifras son, en apariencia, impresionantes. Pero la comunicación institucional del Estado dominicano tiene un vicio recurrente: presenta indicadores de producción sin contexto de recursos. Cuántos agentes sostienen ese volumen de asistencias, cuál es la tasa de cobertura real por destino, cuánto representa el presupuesto de POLITUR dentro del gasto turístico del Estado… son preguntas que los comunicados oficiales no responden.
El Ministerio de Turismo, bajo la conducción del licenciado David Collado, ha priorizado una narrativa de cifras récord desde el inicio del segundo mandato del presidente Luis Abinader —que arrancó en agosto de 2024—. Esta narrativa es legítima cuando los datos son reales, pero resulta insuficiente cuando se omite la variable estructural: ¿qué tan sostenible es el modelo operativo de POLITUR?
Según fuentes del sector, la institución opera con limitaciones presupuestarias crónicas que se traducen en equipamiento desactualizado, vehículos con alto kilometraje y rotación de personal que afecta la continuidad del servicio en algunos polos turísticos. Estos señalamientos, que circulan en ambientes internos del sector, no han sido desmentidos públicamente por las autoridades competentes.
La implementación del Sistema DEBI —de identificación biométrica ciudadana— es presentada como un avance tecnológico. Y lo es. Pero la adopción de tecnología en un cuerpo de seguridad no sustituye la necesidad de dotación suficiente de personal, formación continua y condiciones laborales que garanticen la retención del talento capacitado.
⚠ Dato clave
La comunicación oficial presenta indicadores de volumen de asistencias, pero no publica datos sobre dotación de personal, presupuesto ejecutado ni tasa de cobertura real por destino turístico. Sin ese contexto, las cifras son insuficientes para evaluar la efectividad del servicio.
República Dominicana recibe millones de turistas al año y aspira a consolidarse como el destino líder del Caribe. Ese objetivo exige que POLITUR no sea solo una herramienta de relaciones públicas institucionales, sino un cuerpo de seguridad turística con financiamiento adecuado, rendición de cuentas públicas y métricas de calidad —no solo de volumen.
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Cabe señalar que la institución cumple funciones críticas que van mucho más allá de la vigilancia preventiva: asistencia médica de emergencia, acompañamiento en trámites judiciales, atención a conflictos entre turistas y coordinación con otras instituciones del Estado. Esa complejidad operativa exige una inversión proporcional, no celebraciones comunicacionales desconectadas de los recursos reales disponibles.
Pregunta que el Estado debe responder
¿Cuántos agentes sostienen los 3.6 millones de asistencias de POLITUR, y cuál es el presupuesto real que el gobierno destina a la seguridad turística?
POLITUR cumple una función indispensable. Sus agentes operan en entornos complejos, atienden emergencias reales y representan, para millones de visitantes, el primer rostro institucional del Estado dominicano. Minimizar ese trabajo sería injusto.
Pero reconocer el esfuerzo no equivale a validar acrítica y automáticamente la narrativa gubernamental. Un Estado que publica cuántas personas atendió pero no cuánto invirtió en hacerlo, cuántos efectivos tiene ni en qué condiciones operan, está eligiendo la comunicación sobre la transparencia. Y esa elección, en un sector que mueve miles de millones de dólares al año, tiene un costo que no aparece en ningún boletín de prensa.













































































