Santo Domingo, República Dominicana | 30 de enero de 2026
El ministro de Turismo David Collado, quien aspira a la presidencia por el PRM, ha construido una narrativa donde su gestión representa el apogeo histórico del sector turístico dominicano. Según su relato, 2025 marcó un hito sin precedentes en décadas. Sin embargo, cuando se analizan las cifras oficiales con rigor, emerge una realidad completamente distinta: el sector experimentó una notable desaceleración, particularmente en los mercados que tradicionalmente han sostenido la industria.
Mi postura es inequívoca: cuando un funcionario con ambiciones presidenciales distorsiona datos económicos para fabricar un récord inexistente, trasciende la propaganda electoral común. Es desinformación institucional deliberada. Y tratándose de uno de los pilares de nuestra economía, las implicaciones van mucho más allá de lo político: comprometen decisiones estratégicas nacionales.
Para contextualizar adecuadamente, es necesario revisar la evolución sectorial. Durante el periodo 2004-2018, el sector mantuvo una expansión anual promedio del 5.1%. El año 2019 registró una contracción del -1.87%, vinculada al impacto mediático internacional de fallecimientos de visitantes estadounidenses en complejos hoteleros del este del país, aunque las causas fueran naturales.
La pandemia de 2020 provocó un colapso histórico: una caída brutal del -62.7% que devastó completamente el sector. Lo que siguió fue un rebote esperado pero con momentum decreciente: 107.6% en 2021, 43.4% en 2022, 12.5% en 2023 y 5.9% en 2024. Estos porcentajes iniciales reflejan recuperación de terreno perdido, no crecimiento orgánico real.
Durante 2025, el total de visitantes —incluyendo dominicanos no residentes y extranjeros vía aérea— aumentó solamente 3.81%, significativamente por debajo del promedio histórico de 5.1% y también inferior al 5.92% alcanzado en 2024. El dato más revelador: los turistas foráneos crecieron apenas 3.0%, comparado con el 5.86% del año anterior.
En números absolutos, la historia es aún más clara. El año 2025 aportó únicamente 216,383 turistas extranjeros adicionales, mientras que 2024 había sumado 394,560 visitantes nuevos respecto a 2023. La desaceleración es matemáticamente indiscutible: el incremento de 2025 representa apenas el 55% del logrado en 2024.
Profundiza en el debate político dominicano con nuestra cobertura independiente:
Ver noticias nacionales Análisis político completoLo verdaderamente alarmante emerge al examinar los mercados emisores fundamentales: Canadá registró una caída del 4.38%, Estados Unidos retrocedió 2.02% y Europa descendió 2.38%. Estos no son mercados secundarios: históricamente constituyen la base del turismo dominicano, aportan los visitantes con mayor capacidad de gasto y mantienen la mayor lealtad al destino.
El desastre estadístico solo se evitó gracias al explosivo crecimiento sudamericano, que aumentó 21.33% equivalente a 270,019 visitantes adicionales. Este incremento compensó la pérdida combinada de 124,833 turistas de Norteamérica y Europa. En términos claros: sin Sudamérica, 2025 habría sido catastrófico.
La concentración es preocupante: Argentina por sí sola aportó 168,689 turistas más, mientras Colombia contribuyó 65,680. Depender casi exclusivamente de dos países para contrarrestar el declive de tres regiones completas no es fortaleza estratégica: es vulnerabilidad estructural camuflada como éxito.
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El análisis de tendencias revela transformaciones profundas. Estados Unidos y Canadá enviaron 2.9 millones de visitantes en 2019, escalaron a 3.4 millones en 2023, alcanzaron 3.7 millones en 2024, pero retrocedieron a 3.6 millones en 2025. Esa pérdida de 100,000 turistas de alto poder adquisitivo debería generar alarmas, pero el discurso oficial la ignora completamente.
Paralelamente, Sudamérica pasó de enviar 753,836 visitantes en 2019 a 1,535,622 en 2025, experimentando expansión constante desde 2022. Es un logro innegable, pero con una trampa fundamental: los turistas sudamericanos, aunque numerosos, poseen menor capacidad de gasto promedio que norteamericanos y europeos. Más cabezas no necesariamente equivale a mayores ingresos.
Europa presenta un caso particularmente preocupante. Alcanzó 1.3 millones de visitantes en 2019, subió a 1.4 millones en 2022, pero desde entonces mantiene declive sostenido. Tres años consecutivos de contracción en un mercado tradicionalmente estable no pueden atribuirse únicamente a factores externos. Demanda análisis estratégico que el ministerio no está realizando públicamente.
Los factores externos son reales: aranceles que enfriaron el consumo en Estados Unidos y Canadá, incertidumbre económica europea agravada por el conflicto en Ucrania. Son variables válidas, pero la pregunta crítica es: ¿qué medidas específicas implementó el Ministerio para mitigar ese impacto previsible?
Las tensiones geopolíticas también cobran su precio. El mercado ruso, que aportó 217,000 turistas en 2019, colapsó a 85,912 en 2021 y se desplomó a apenas 22,949 en 2025. Una caída del 89% respecto a niveles pre-pandemia que el relato oficial ni siquiera menciona.
Por ahora no hay motivo para pánico inmediato. La economía estadounidense podría recuperarse y reactivar ese flujo turístico. Pero la incógnita es si Sudamérica sostendrá su dinamismo en 2026 con los flujos norteamericanos, canadienses y europeos estancados. Y más crucial: ¿existe algún plan ministerial para diversificar y fortalecer mercados?
La realidad contundente es que 2025 no fue el mejor año turístico, pese a la narrativa oficial. Para proclamar más de 10 millones de visitantes, el ministerio incluye pasajeros de cruceros, aunque datos de Migración confirman que menos del 4% desembarca para realizar consumos significativos en tierra.
Es decir, inflan artificialmente los números incluyendo visitantes que ni siquiera interactúan económicamente con el destino de manera relevante. Es comparable a un restaurante que contabilizara como clientes a todos los transeúntes que pasaron frente a su puerta. Técnicamente no es falso, pero es profundamente engañoso.
He conversado con operadores turísticos del sector privado que corroboran la desaceleración. «Las cifras oficiales no coinciden con nuestra realidad operativa. Vemos menor ocupación, promociones más agresivas, márgenes cada vez más comprimidos», me confesó un empresario hotelero que solicita anonimato por temor a represalias ministeriales.
Agentes de viajes con décadas de experiencia reportan cambios en patrones de consumo. «Los sudamericanos llegan en mayor volumen, cierto, pero su gasto per cápita es inferior al de norteamericanos y europeos. Aumentó el volumen pero no proporcionalmente el ingreso», explica una profesional con treinta años en el sector.
La manipulación estadística persigue un objetivo político transparente. David Collado necesita construirse como gestor excepcional para impulsar su candidatura presidencial. Proclamarse el ministro de cifras récord históricas es narrativa electoral poderosa. El problema: los datos lo contradicen, y cualquier analista competente desmonta el relato en minutos.
Pero trasciende la ambición electoral: hay algo más peligroso que es la toma de decisiones basada en información distorsionada. Si el gobierno cree genuinamente que el turismo atraviesa su mejor momento histórico, no invertirá en correcciones estratégicas necesarias. No se preocupará por recuperar mercados tradicionales ni por elevar la calidad de la oferta.
La complacencia fundamentada en datos manipulados pavimenta el camino hacia el declive sectorial. Cuando problemas reales se ocultan tras cifras cosméticas, las soluciones jamás llegan. Y cuando finalmente la crisis se hace innegable, ya es demasiado tarde para rectificar el rumbo.
La pregunta fundamental es: ¿a quién sirve realmente el Ministerio de Turismo? ¿Al país, que requiere análisis honestos y estrategias efectivas? ¿O a las ambiciones presidenciales de su titular, que necesita narrativa de éxito aunque sea fabricada? La respuesta debería inquietarnos a todos.
Como reza la sabiduría popular: «Dato mata relato». Y los datos de 2025 son contundentes: crecimiento inferior al promedio histórico, desaceleración respecto a 2024, retroceso en los tres mercados tradicionales más importantes, dependencia excesiva de dos países sudamericanos y estadísticas artificialmente infladas con cruceristas que ni siquiera desembarcan significativamente.
Eso no es récord histórico. Es gestión mediocre vendida como excelencia. Y lo verdaderamente peligroso es que mientras permitamos que la propaganda sustituya al análisis riguroso, el turismo dominicano pagará consecuencias mientras el responsable escala políticamente sobre cifras falsas.
¿Hasta cuándo seguiremos celebrando éxitos ficticios mientras los problemas reales se acumulan sin atención? Esa es la pregunta que deberíamos plantearle al ministro Collado en cada foro público. Porque el turismo es demasiado estratégico para la economía nacional como para convertirlo en plataforma electoral construida sobre manipulación estadística.
Los empresarios del sector merecen datos veraces para planificar inversiones. Los trabajadores merecen conocer si sus empleos están genuinamente seguros. Y los dominicanos merecen un ministerio que informe con honestidad, no uno que distorsione cifras para construir la biografía política de su titular.












































































