Contraloría abre auditoría en hospital: ¿control o show?
Con protocolo oficial, maestro de ceremonias, corte de cinta y autoridades del sector salud formadas para la foto, la Contraloría General de la República inauguró el pasado fin de semana la Unidad de Auditoría Interna (UAI) del Hospital Ciudad Juan Bosch. El acto fue presidido por el subcontralor Cecilio Disla, en representación del contralor Geraldo Espinosa Pérez, y contó con la presencia de directores hospitalarios, representantes comunitarios y, notablemente, un periodista identificado como director de un multimedios local entre los «invitados especiales».
El mensaje oficial fue claro y optimista. La directora del hospital, la doctora Jaquelín Carrasco Paulino, declaró que la unidad «marca un antes y un después en la gestión administrativa del centro». El subcontralor Disla afirmó que se trata de «un pilar fundamental para garantizar el uso adecuado de los recursos del Estado».
Lo que ninguno de los presentes explicó fue por qué ese «antes y después» llega ahora, en el quinto año de un gobierno que tomó posesión prometiendo transparencia como bandera.
Un hospital con historial, una auditoría sin historial
El Hospital Ciudad Juan Bosch es uno de los centros de salud más emblemáticos construidos durante la administración Abinader. Inaugurado con fanfarria como símbolo del compromiso gubernamental con la salud pública, el centro atiende a una población numerosa y de alta vulnerabilidad en la zona este de Santo Domingo.
Sin embargo, según fuentes del sector salud consultadas por este medio, la ausencia de una unidad de auditoría interna durante años de operación implica que los procesos de contratación, adquisición de insumos y gestión del personal han operado sin el mecanismo de supervisión continua que ahora se inaugura con aplausos.
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Ver noticias nacionales Análisis político completoLa pregunta que el protocolo del acto no contempló es directa: ¿qué ocurrió con los recursos gestionados en ese período sin auditoría interna? ¿Hubo irregularidades? ¿Se realizaron contrataciones cuestionables? ¿Se adquirieron insumos a sobreprecio? La Contraloría, que ahora celebra la instalación de la unidad, no ofreció ningún informe público sobre la gestión previa del hospital.
Esa omisión no es un detalle menor. Es la diferencia entre un acto de transparencia y un acto de imagen.

La estrategia del control que llega tarde
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La Contraloría General indicó, según la nota oficial, que continuará «ampliando la cobertura de estas unidades en todo el territorio nacional». La afirmación revela, inadvertidamente, que existen otros hospitales y centros públicos que aún operan sin auditoría interna instalada. Esto en un país donde el presupuesto en salud pública supera los 100,000 millones de pesos anuales, según datos del Ministerio de Hacienda.
De acuerdo con informes de organismos de control ciudadano y periodismo de datos, el sector salud dominicano ha sido históricamente uno de los más vulnerables a irregularidades en compras, sobreprecios en medicamentos, contratos dirigidos y nóminas infladas. No es una acusación sin sustento: es un patrón documentado a lo largo de décadas y que ningún gobierno —incluyendo el actual— ha erradicado.
La instalación progresiva de unidades de auditoría es, en principio, una medida positiva. Nadie en su sano juicio puede oponerse al control interno. Pero celebrarla como un logro de transparencia, sin rendición de cuentas sobre lo que ocurrió antes, es una narrativa que le hace trampa a la ciudadanía.
El detalle que lo dice todo: el periodista en la lista de «invitados especiales»
Entre las autoridades, directores, funcionarios y representantes comunitarios presentes en el acto, la nota de prensa oficial del hospital incluyó, con nombre y cargo, al «periodista Logan Jiménez Ramos, director ejecutivo del Multimedios La Voz Sin Censura», como invitado especial que «respaldó la actividad».
La presencia de un comunicador en un acto institucional de control interno no es, por sí sola, un problema. El problema es la categoría en que aparece: no como prensa acreditada para cubrir el evento, sino como invitado especial que respalda. Esa distinción, sutil en la redacción, es significativa en términos de independencia periodística y de cómo el Estado dominicano gestiona su relación con los medios de comunicación.
Un periodista que «respalda» un acto gubernamental no cubre ese acto: lo legitima. Y eso, en el contexto de un evento diseñado para proyectar imagen institucional, merece ser señalado.
La cultura del acto por encima del resultado
La inauguración del Hospital Ciudad Juan Bosch tuvo acto. Su primer aniversario tuvo acto. La instalación de su unidad de auditoría tuvo acto. Lo que consistentemente no ha tenido es una rendición de cuentas pública, accesible y detallada sobre cómo se han gastado los recursos desde su apertura.
Esto responde a un patrón estructural de la gestión pública dominicana que no nació con Abinader pero que su gobierno no ha roto: la preferencia por el evento sobre el informe, por la inauguración sobre la evaluación, por el corte de cinta sobre el balance de gestión.
La doctora Carrasco Paulino afirmó que la unidad «permitirá evaluar de manera continua los procesos e identificar oportunidades de mejora». Es una declaración correcta en su forma. Pero si esa evaluación continua no es pública, no es verificable por la ciudadanía y no incluye mecanismos de denuncia accesibles para los propios trabajadores del hospital, entonces es un instrumento de control interno, no de transparencia hacia afuera.
Y la transparencia que le importa a un paciente que espera horas en urgencias no es la que aparece en los discursos. Es la que explica por qué no hay suero, por qué el equipo está dañado, por qué la nómina tiene nombres que nadie en el pabellón reconoce.
Cierre: bienvenida la auditoría, pero con preguntas
Que la Contraloría instale unidades de auditoría interna en hospitales públicos es, objetivamente, mejor que no tenerlas. No hay argumento serio en contra de fortalecer el control del gasto en salud. Pero una medida correcta, presentada sin contexto ni rendición de cuentas, se convierte en marketing institucional.
La ciudadanía dominicana —especialmente la que depende del sistema público de salud porque no tiene otra opción— merece algo más que un acuerdo firmado frente a cámaras. Merece saber qué encontrará esa auditoría cuando empiece a trabajar de verdad. Merece acceso a los informes. Merece que alguien responda cuando los números no cuadren.
La unidad ya está instalada. El verdadero acto de transparencia no fue el de la inauguración. Será el primer informe que publiquen, si es que lo publican.












































































