Un 20 de agosto de 2019, más de 700 agentes destrozaron la red de entretenimiento que camufló durante años el envío de toneladas de cocaína a EE. UU.
TBT Justicia. Durante más de una década, César Peralta, supuestamente, operó a plena luz del día en los sectores más exclusivos de Santo Domingo. Controlaba la vida nocturna de la capital a través de una red de discotecas, restaurantes y centros de entretenimiento que funcionaban como fachada para una estructura transnacional de narcotráfico.
El 20 de agosto de 2019, la Procuraduría General de la República (PGR) y la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), coordinadas con la Administración para el Control de la Droga (DEA) y el Departamento del Tesoro de los EE. UU., ejecutaron el operativo antidrogas más grande registrado en la historia del país, con más de 40 allanamientos simultáneos.
El protagonista
César Emilio Peralta (César “El Abusador”)un capo dominicano que escaló desde las estructuras de antiguos narcotraficantes (como Quirino Ernesto Paulino y Rolando Florián) hasta construir su propio cartel. Manejó millones de dólares, impunidad judicial y una ostentosa red social hasta su captura en Colombia en diciembre de 2019 y su posterior extradición a Puerto Rico, donde se declaró culpable en 2022.
El Abusador convirtió el circuito nocturno de Santo Domingo en el centro neurálgico de su red de operaciones y en la principal vitrina de su estatus social. Dueño o socio mayoritario de discotecas emblemáticas como Sala VIP, Club acuático, Galería de flujo y Taza.
El capo no solo lavaba dinero a través de estos comercios de lujo, sino que construyó una plataforma desde la cual se codeaba abiertamente con figuras de la élite empresarial, deportistas profesionales y miembros de la farándula dominicana e internacional. Su presencia garantizaba recursos ilimitados para la producción de eventos, patrocinios y la contratación constante de artistas de primer nivel.
El benefactor
Esta fachada de gran benefactor del entretenimiento le permitió cultivar amistades públicas con reconocidos exponentes de la música urbana, influencers y prominentes dueños de locales nocturnos que frecuentaban sus propiedades sin cuestionar el origen de su fortuna.
Figuras como el expelotero de Grandes Ligas Octavio Dotel terminaron salpicados y procesados judicialmente tras el megaoperativo, evidenciando cómo la cultura del exceso, las botellas de champán costosas y las alianzas en el negocio de la noche sirvieron como un escudo social perfecto para normalizar el crimen organizado a la vista de todos.
La frase
«César Emilio Peralta y su organización han utilizado la violencia y la corrupción para mover toneladas de cocaína y opioides… hoy la Red de Control de Delitos Financieros bloquea sus activos».
— Sigal MandelkerSubsecretaria del Tesoro de EE. UU. para Terrorismo e Inteligencia Financiera (20 de agosto de 2019).
¿Por qué importa hoy?
Punto de inflexión en la Ley de Extinción de Dominio: el caso evidenció los vacíos del sistema judicial dominicano para incautar bienes del crimen organizado, acelerando la presión social para la aprobación de leyes más estrictas sobre lavado de activos.
Impacto en el financiamiento político: dejó al descubierto cómo el narcotráfico infiltró la alta sociedad, la música urbana y la política local mediante aportes de campaña y favores de impunidad.
Control de la vida nocturna y lavado: transformó los protocolos de fiscalización de la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) y las autoridades financieras sobre negocios de entretenimiento y empresas de carpeta.
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