Cuando el poder visita la cultura, hay que mirar con dos ojos: uno celebra el gesto, el otro examina si ese gesto tiene institucionalidad detrás o es solo fotografía. El presidente Luis Abinader recorrió este sábado la Feria Regional del Libro Santiago 2026, inaugurada en el Gran Teatro del Cibao, y su entusiasmo fue visible. Llamó al evento «una sorpresa muy positiva», felicitó al Ministerio de Cultura e instruyó que la feria se celebre anualmente en la ciudad. Buenas noticias, en apariencia. Pero en un país donde iniciativas culturales descentralizadas han nacido con fanfarria y muerto en silencio presupuestario, el anuncio merece ser leído no solo como promesa, sino como compromiso verificable.
La Feria Regional del Libro Santiago 2026 se desarrolla del 20 al 26 de abril en el Gran Teatro del Cibao, con una programación que según fuentes oficiales del Ministerio de Cultura supera las 250 actividades: presentaciones editoriales, talleres de escritura, paneles de debate, recitales, exhibiciones de artesanía y espectáculos artísticos. La proyección de asistencia supera las 120 mil personas, lo que la convertiría, de cumplirse, en el evento cultural masivo más importante del Cibao en décadas.
El propio Abinader reconoció que se trata de «la más grande de las que se han hecho en Santiago y el Cibao» y que retoma una práctica «suspendida desde hace más de 20 años». Esa confesión involuntaria es también una acusación al Estado dominicano: veinte años de abandono institucional a una región que concentra el norte del país, sus provincias agropecuarias, su identidad cultural cibaeña y millones de ciudadanos con derecho al acceso cultural garantizado por la Constitución.
El evento integra a las 14 provincias del Cibao a través de un Pabellón Regional que reúne expresiones de Samaná, María Trinidad Sánchez, Hermanas Mirabal, Duarte, La Vega, Monseñor Nouel, Puerto Plata, Espaillat, Valverde Mao, Santiago Rodríguez, Dajabón, Montecristi, Sánchez Ramírez y Santiago. De acuerdo con información oficial, el recorrido presidencial estuvo acompañado por las 14 gobernadoras de esas provincias, el senador Daniel Rivera, el alcalde Ulises Rodríguez y la directora del Gran Teatro del Cibao, Chiky Checo.
La descentralización cultural no es un acto simbólico: es una política pública con nombre, presupuesto, calendario y rendición de cuentas. Que el presidente instruya verbalmente al Ministerio de Cultura a garantizar la continuidad anual de la feria desde Santiago es un primer paso necesario, pero insuficiente si esa instrucción no se traduce en una línea presupuestaria específica, en una ordenanza ministerial publicada en el boletín oficial o, mejor aún, en un decreto ejecutivo que obligue a futuras administraciones.
El historial habla por sí mismo: la Feria del Libro del Cibao estuvo suspendida más de dos décadas, según reconoció el propio mandatario. No se suspendió por falta de público ni de talento regional. Se suspendió porque ningún gobierno anterior tuvo la voluntad política sostenida de financiarla, coordinarla y defenderla como prioridad. La pregunta que este periódico formula no es si la feria de 2026 es exitosa —lo parece, y hay que celebrarlo— sino si el Estado dominicano tiene la arquitectura institucional para garantizar que no se repita el abandono.
«En esta Feria del Libro y de la Cultura que la estamos haciendo ahora, retomando esta práctica que se había suspendido desde hace más de 20 años…»
— Presidente Luis Abinader, Santiago, 25 de abril de 2026También merece atención el componente pedagógico del evento. Abinader sostuvo un intercambio con estudiantes de la escuela primaria Japón de Hato del Yaque y del centro experimental Emilio Prud’Homme, motivándolos a cultivar la lectura y la persistencia. Es un gesto positivo, pero la lectura no se fomenta con visitas presidenciales anuales: se fomenta con bibliotecas escolares equipadas, docentes bien remunerados y acceso real al libro fuera de los siete días de feria. El Ministerio de Educación y el Ministerio de Cultura deberían rendir cuentas conjuntas sobre cuántos de esos estudiantes tienen acceso a una biblioteca funcional en su escuela el resto del año.
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Ver noticias nacionales Análisis político completoFinalmente, conviene señalar que presuntamente la feria ha sido posible gracias a una coordinación multiinstitucional que involucra a gobernaciones, municipios y el sector privado. De acuerdo con fuentes consultadas por este medio, la sostenibilidad del evento dependerá de que ese modelo colaborativo se formalice y no quede sujeto a la voluntad de un solo actor político. La descentralización cultural real ocurre cuando las instituciones funcionan independientemente de quién ocupe la presidencia.
«Todas estas provincias, que vengan a ver y que disfruten… felicito también al Ministerio de Cultura por esta iniciativa de mucho éxito que se merece Santiago y toda la región del Cibao.»
— Presidente Luis AbinaderLa Feria Regional del Libro Santiago 2026 es un logro cultural que merece reconocimiento genuino. Pero el verdadero indicador de éxito no será el número de asistentes este abril, sino si en abril de 2027, 2028 y 2029 —con o sin cámaras presidenciales— esa feria sigue en pie, financiada y sostenida. La cultura no necesita visitas ocasionales del poder: necesita que el poder le deje espacio permanente para existir. ¿Estará el Estado dominicano dispuesto a comprobarlo con hechos institucionales o solo con palabras?
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