La Argentina de las dos ventanas, durante 40 años vivimos en una ventana de tiempo en donde la tasa de interés era negativa contra la inflación, esto generaba una muy mala señal para el mercado, ya que trabajando con dinero de terceros podría ganar dinero. La inflación creaba margen, nos mediamos contra tasas de financiamiento negativas, y cualquier negocio que hiciéramos, era viable así saldríamos derecho en las transacciones cotidianas.
Esto nos dejó como señal, que el margen se lograba con la acumulación de stock, y no contra la productividad del proyecto. Esto al durar 40 años, era casi una única forma de ver los negocios, y cualquier cambio era observado por periodistas, opinólogos, comerciantes, cámaras industriales y agentes económicos en general como algo negativo frente a la vida cotidiana.
Si a esto le sumamos una economía cerrada y licuación de pasivos por alta inflación, todo generaba ganancias que eran ficticias. El empresario computaba costos con moneda vieja e ingresos con moneda nueva, cree que gana, distribuye y consume capital. Nada más alejado de la realidad.
La nueva ventana obliga a competir de otra manera
Desde el año 2023 se abre la ventana de una economía ordenada, con superávit fiscal, capitalización del Banco Central y economía abierta, la inflación baja del 12% al 1,7% mensual, los créditos son a tasas positivas, allí los empresarios se dan cuenta que no son productivos. Aparece una legión de personas que pregonan y peticionan políticas de Estado, que no eran demandadas cuando ganaban dinero, y acumulaban capital en dólares en caja de seguridad, o vivían por encima de sus posibilidades.
La economía cerrada era un paraguas de precios, con protección, el techo de precio lo fija el productor local menos eficiente. Este costo nadie lo validara con una economía abierta y con bienes muchos más modernos. Al abrirse la economía, el techo de precio lo pone el producto importado, el que no tiene la tecnología para competir queda fuera del camino, las escalas chicas, y poco productivas quedan fuera de mercado. La población no quiere el teléfono local, prefiere el importado de última generación. Cambia la dinámica de los negocios, en la actualidad las empresas locales se quedaron con el negocio viejo, alquilando películas con video casete, típico de blockbuster (empresa que desapareció en una década), mientras que en el exterior venden una suscripción de Netflix, y se sigue imponiendo en el mercado. El cambio no es una opción, es estructural e inevitable. Todos tenemos Netflix, el casete desapareció.

La transición deja empresas atrapadas en una tijera de costos
Un negocio chico que vende productos transables, y tiene altos costos de no transables como el alquiler o los servicios, está en una tijera de precios que lo deja fuera de competencia. Los productos que venden aumentan poco por la competencia externa, y los servicios aumentan mucho porque estaban subsidiados, es un juego de tijera para aquellos negocios que tienen poco capital, en breve quedaran en el camino.
Que muchos emprendedores estén en problemas, no se explica por su ineptitud, es que el Estado le dio señales falsas de la economía domésticasubsidiando servicios, con tasas negativas frente a la inflación, aumentos de precios y devaluación del peso que disimulaban los errores propios. Estas pésimas señales fueron tomadas como permanentes, pero ninguna tenia sustentabilidad en el tiempo, ya que nos llevaban a una degradación económica difícil de soportar.
Cuáles son las principales conclusiones
La economía argentina tiene que acomodarse al cambio de régimen económicoen donde las empresas prosperan en la medida que inviertan capital que surge del ahorro genuino, y no de créditos bancarios. La inversión es igual al ahorro, y el ahorro es postergar consumo presente por consumo futuro. Las empresas que producen bienes transables tendrán que competir con el mundo, y el precio del producto importado es el techo del precio de mercado.
Tantos años de una economía dando señales falsas a los emprendedores nos llevó a pensar que un poco de inflación no era malo, cuando en verdad ese poco de inflación fue el principio del fin para muchas familias que quedaron en la pobreza y carentes de oportunidades para crecer en nuestro país.
Se cerró la ventana de la destrucción económica, con déficit fiscal y devaluación del peso, en donde los negocios pequeños, producto de convivir con tasas de interés negativas contra la inflación, eran rentables con tan solo cambiar el dinero, poco trabajo y mucha picardía.
Se abrió la ventana del país al mundoen donde los bienes transables tienen que competir, los servicios públicos se terminaran pagando sin subsidio alguno, y la escala de las empresas deberán ser más elevadas, buscando la rentabilidad en la productividad y eficiencia.

En él mientras tanto, los salarios dependen de la inversión de las empresas, el techo salarial de una empresa es su valor agregado por empleadoque es venta menos compra a terceros, divididos por la dotación. La inversión en las empresas debe surgir del ahorro real, si surge de un crédito sin respaldo, puede subir el salario, pero luego tendremos inflación y caerá el salario real. La inversión debe estar bien invertida, capital volcado a un proyecto sin rentabilidad no genera mayor salario real.
Los salarios al depender de la inversión varían según el sector económico donde se remuneran, un empleado en vaca muerta o en minería gana más dinero que en comercio o pyme, esto no quiere decir que un trabajador es mejor que otro, es que es un trabajador cuya hora trabajada se aplica a un producto de alto valor y mucho capital detrás.
Por último, mientras el país tenga superávit fiscal, la posibilidad de incrementar la inversión crecen, esto desata la competencia de empresas por trabajadores. Los salarios no aumentan por la generosidad del empleador, suben por la necesidad de mano de obracuando la competencia es débil el salario es bajo, si la competencia es fuerte el trabajador tendrá más herramientas para defender su salario, sin que opere un sindicato o intermediario alguno.
En conclusión, estamos en la ventana correcta de la historia, buscando que en Argentina aumente la inversión, se genere más empleo de calidad y mejores remuneraciones. La transición de un régimen económico estatista, que nos dejó como saldo 13 años de estancamiento cuenta en la coyuntura, pero si perseveramos en el orden fiscal, la inversión sustentada en ahorro real traerá beneficios para todos, en especial para el trabajador asalariado.
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