China amplió este martes sus controles sobre la exportación de sustancias químicas utilizadas como precursores para fabricar drogas sintéticas, una decisión anunciada apenas dos días antes de la reunión entre el presidente estadounidense Donald Trump y el líder chino Xi Jinping en la Casa Blanca. La medida llega en medio de la presión de Washington para que Beijing haga más para impedir que sustancias empleadas en la producción ilícita de fentanilo lleguen a Estados Unidos.
El Ministerio de Comercio chino informó el 22 de septiembre que incorporó dos nuevas sustancias a su lista de productos químicos sometidos a controles de exportación. A partir de ahora, las empresas deberán obtener licencias para enviar esos productos a Estados Unidos, México y Canadá.
La decisión tendrá especial relevancia durante la visita de Estado de Xi a Washington, prevista para el 24 de septiembre. Será el segundo encuentro presencial entre ambos mandatarios este año, después de la reunión que mantuvieron en Beijing en mayo, cuando acordaron avanzar hacia una relación de »estabilidad estratégica» basada en la equidad y la reciprocidad.
Sin embargo, la nueva medida de Beijing también pone de manifiesto una de las principales dificultades de la relación bilateral: la presión estadounidense para que China asuma una mayor responsabilidad frente al tráfico internacional de precursores del fentanilo.
China constituye una fuente importante de sustancias químicas que posteriormente pueden ser utilizadas para fabricar fentanilo y otras drogas sintéticas. La administración Trump ha reclamado reiteradamente que el Gobierno de Xi fortalezca los controles sobre estas exportaciones y persiga a las empresas que suministran productos destinados a redes criminales.
Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, el presidente estadounidense convirtió la crisis del fentanilo en una cuestión central de su política hacia China. Washington llegó a imponer aranceles relacionados con el fentanilo a productos procedentes de China, México y Canadá, argumentando que esos países no estaban haciendo lo suficiente para frenar el flujo de drogas hacia Estados Unidos.

El impacto de la crisis de los opioides sintéticos ha sido especialmente grave en Estados Unidos. Las muertes vinculadas al fentanilo aumentaron de manera pronunciada durante la última década y alcanzaron un máximo de 76.226 fallecimientos en 2022, más de cuatro veces la cifra registrada en 2016. En 2024, sin embargo, las muertes asociadas al fentanilo descendieron a una estimación de 48.422, en una reversión que las autoridades estadounidenses han relacionado con cambios en las políticas fronterizas y otras medidas de seguridad.
Washington lleva años intentando conseguir una mayor cooperación de Beijing. Los contactos comenzaron a mediados de la década de 2010 y permitieron establecer restricciones sobre determinadas sustancias. Sin embargo, la cooperación sufrió un fuerte retroceso en 2022, cuando China suspendió gran parte de su diálogo con Estados Unidos después de la visita de la entonces presidente de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi a Taiwán.
Beijing también interrumpió la cooperación específica contra el fentanilo hasta que ambos países retomaron el diálogo en noviembre de 2023. Desde entonces, China ha adoptado nuevas restricciones, incluida una medida anunciada en noviembre de 2025 que limitó la exportación a Estados Unidos, México y Canadá de 13 sustancias precursoras del fentanilo.

La nueva ampliación de la lista vuelve a colocar a Xi bajo presión antes de su encuentro con Trump. Aunque la decisión puede interpretarse como un paso para reforzar los controles, también evidencia que Washington continúa considerando insuficientes las medidas adoptadas por Beijing hasta ahora.
La cuestión será especialmente relevante porque Trump y Xi llegan a su reunión con diferencias profundas en materia comercial, estratégica y de seguridad. Hasta ahora, ninguno de los dos gobiernos ha confirmado que el tráfico de precursores del fentanilo forme parte de la agenda oficial del encuentro.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, señaló tras reunirse en julio con el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, que esperaba una visita positiva de Xi, aunque reconoció las importantes diferencias entre ambas potencias. Rubio sostuvo que Washington seguirá defendiendo sus intereses nacionales, pero también identificó áreas en las que podría existir cooperación.
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