europa se encuentra actualmente de rodillas ante las consecuencias de décadas de políticas energéticas fallidas que han dejado a su población vulnerable frente al denominado asesino silencioso. Lo que la élite política presenta como una fatalidad climática es, en realidad, el resultado de una falta de transición medioambiental y climática coherenteque ha llevado a la región directamente al desastre.
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS)desde el 21 de junio se han registrado más de 1.300 muertes adicionales en el continente vinculadas a este repunte térmico. El director general de la entidad, Tedros Adhanom Ghebreyesusha confirmado que “150 millones de personas viven bajo un calor extremo… y las redes eléctricas están colapsando”.
El fracaso más escandaloso de este modelo se vive en Alemania. Durante los últimos 15 añosla gestión socialdemócrata ambientalista procedió al apagado de todas las centrales nucleares y a discontinuar el uso de carbónapostando de forma temeraria y exclusiva por los molinos de viento y paneles solares.
Tras casi dos décadas de inversiones «verdes» compulsivas, el modelo demostró su incapacidad para cubrir la demanda eléctrica nacional. La dependencia del económico gas de Rusia funcionó como un respirador artificial hasta 2022cuando la geopolítica puso fin a esa fuente energética, dejando al país expuesto a la realidad de su propia negligencia.
Hoy, con la ola de calor golpeando con registros de 41,7ºC en Coschen y 41,5ºC en Möckern-Drewitz, Alemania no tiene energía suficiente para que sus ciudadanos enciendan el aire acondicionado.
En un acto de desesperación que roza lo ridículo para una potencia industrial, el gobierno está desplegando camiones hidrantes en las calles y solicitando a la gente que salga a mojarse en la vía pública para evitar apagones masivos que el sistema eléctrico no podría soportar.
Esta crisis de gestión se extiende por todo el territorio europeo, afectando la infraestructura básica que el estado no ha sabido mantener ni adaptar:
En Franciase reportan cerca de 1.000 muertes adicionalesmientras que en París la situación es crítica: un conductor de autobús se desmayó en un vehículo donde la temperatura alcanzó los 46ºCprovocando un choque contra un árbol en la parada de Puerta de Saint-Cloud.
En la República Checael termómetro marcó un récord de 41,1ºC en Doksany.
España alcanzó los 42,7ºC en bilbao y superó los 45 ºC en Andalucíaforzando récords históricos para el mes de junio.
En italiase activó la alerta roja en 18 ciudadesincluyendo romaníes y Milánmientras el río Después sufre una sequía que amenaza la soberanía alimentaria.
El ministro belga de Salud, Yves Coppietersha calificado la situación como una “crisis sanitaria similar a la que vivimos con el Covid-19”admitiendo que los “principales pilares estructurales de la sociedad se están desmoronando” tras apenas cinco días de calor intenso.
La realidad es que, mientras se imponen regulaciones para eliminar gases refrigerantes para el año 2032la infraestructura de transporte en Alemania y Austria se deforma, con fracturas en el asfalto de la autopista A7 y rieles ferroviarios inutilizables. Europa se consume bajo un sol abrasador, víctima de una clase política que desmanteló su seguridad energética en nombre de un idealismo verde que hoy es incapaz de mantener encendido un ventilador.
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