La efeméride estuvo marcada este miércoles por la falta de eventos a gran escala en la capital, donde se encuentra el mausoleo que guarda, en la plaza de Tiananmen, el cuerpo embalsamado del fundador de la República Popular China.
La ausencia de una gran ceremonia nacional por el aniversario de su muerte no supone, sin embargo, un distanciamiento respecto al antiguo líder.

Un protocolo aprobado en 1996 por las autoridades establece que no se organizan actos conmemorativos por los aniversarios de fallecimiento de antiguos dirigentes y reserva las grandes efemérides para sus nacimientos.
Así ocurrió en diciembre de 2023, cuando Xi encabezó en Pekín la conmemoración del 130.º aniversario del nacimiento de Mao y afirmó que su pensamiento constituye «un bien de valor espiritual incalculable que guiará a largo plazo» al partido.
Méritos y «errores»
De la misma forma, la fórmula que permite al PCCh preservar a Mao pese a los episodios más traumáticos de su mandato quedó fijada en 1981, cinco años después de su muerte.
Una resolución histórica estableció entonces que sus «méritos» fueron lo principal y sus «errores», lo secundario, al tiempo que calificó la Revolución Cultural (1966-1976) de «grave calamidad» y reconoció problemas vinculados a la campaña del Gran Salto Adelante.
La hambruna asociada a ese último episodio causó decenas de millones de muertos, según estimaciones académicas que sitúan habitualmente el balance entre 16 y 30 millones.
De Mao a Xi
Para el analista Xulio Ríos, autor del recientemente publicado ‘China: la modernización permanente’, dicha fórmula permite reconocer «los graves errores de determinadas etapas» sin transformar esa revisión en «una impugnación de la trayectoria del Partido». Mao, resume Ríos a EFE, puede ser objeto de crítica histórica, pero no de «deslegitimación política».
Ríos aprecia además bajo Xi una recuperación de Mao «más visible» y «más reverencial» que durante la etapa de Deng Xiaoping, cuyas reformas alejaron a China del modelo económico maoísta.


El analista explica que el ‘denguismo’ necesitaba «establecer una distancia» con determinados aspectos del maoísmo para justificar el giro reformista, mientras que bajo Xi se subraya más la «continuidad histórica» entre Mao, Deng y el actual dirigente.
Ríos distingue así una legitimidad revolucionaria asociada a Mao, otra desarrollista vinculada a Deng y una tercera basada en la capacidad del sistema para gobernar y producir resultados. Mao, señala, constituye «el origen de esa cadena».
Yang Jiayi, director del Monumento Conmemorativo a la Revolución en Xiangshan en Pekín, dedicado parcialmente al exlíder, resumió esa lectura a una pregunta de EFE sobre qué pensaría Mao de la China actual si levantase la cabeza: «La prosperidad que vivimos hoy es exactamente lo que él deseaba».
También existen ecos entre Mao y Xi en los llamamientos a la autosuficiencia y a evitar que potencias extranjeras condicionen el desarrollo chino.
Neil Thomas y Lobsang Tsering, del Center for China Analysis de Asia Society, advierten no obstante de que las comparaciones directas resultan problemáticas: Mao abrazaba la disrupción, mientras Xi privilegia el orden.
Los investigadores recuerdan que Mao afirmó en 1955 que China debía «alcanzar y superar a Estados Unidos» y calculó que podría necesitar hasta quince planes quinquenales.
Setenta años después, Pekín desarrolla precisamente su actual plan quinquenal con la autosuficiencia tecnológica entre sus prioridades.
Límites de la memoria
La protección de la figura de Mao también tiene consecuencias para quienes cuestionan su representación pública.
Este verano, un tribunal de la provincia septentrional de Hebei condenó a tres años de prisión al artista Gao Zhen por esculturas satíricas sobre Mao realizadas más de una década antes de la entrada en vigor de la disposición penal por la que fue procesado.
Entre sus obras figuraban ‘La culpa de Mao’, que representaba al antiguo dirigente arrodillado, y ‘La ejecución de Cristo’, en la que Mao aparecía al frente de un pelotón de fusilamiento.
Gao, residente permanente en Estados Unidos, había sido detenido en 2024 durante una visita a China.
Fue juzgado a puerta cerrada por el delito de «difamar a héroes y mártires», que contempla hasta tres años de cárcel. La oenegé Amnistía Internacional denunció una aplicación «retroactiva» de la legislación y reclamó su liberación.
Para Ríos, casos como este muestran una de las fronteras en la gestión contemporánea de Mao: el sistema admite reconocer errores dentro del marco histórico establecido, pero tolera mucho menos que se ataque su condición simbólica de fundador.
Suscríbete y recibe las historias más importantes del día.
Al suscribirte aceptas nuestros términos y condiciones y política de privacidad.















































































