La pregunta que nadie formuló en el acto oficial es la más relevante: si el 99 % de las recaudaciones de la Dirección General de Aduanas (DGA) ya se realizaban por canales electrónicos antes del lanzamiento de la plataforma «Pagos con Tarjetas», ¿qué problema concreto resuelve esta iniciativa para el universo de importadores dominicanos? La respuesta que emerge del análisis no es técnica — es política. Y tiene implicaciones que el comunicado oficial prefiere omitir.
El martes, el presidente Luis Abinader encabezó el lanzamiento de la herramienta en compañía de un gabinete ministerial completo, el presidente ejecutivo de Banreservas, el director de Impuestos Internos y el superintendente de Bancos. El escenario era, según los actores presentes, histórico. Los datos, sin embargo, cuentan una historia más sobria.
El contexto que la narrativa oficial minimiza
Según declaraciones del propio director general de Aduanas, Nelson Arroyo, el 99 % de las recaudaciones institucionales ya transitaba por canales electrónicos antes de la plataforma. Ese dato, presentado como argumento a favor de la modernización, revela paradójicamente que el margen de impacto real de la nueva herramienta es marginal en términos de volumen: opera sobre ese 1 % restante, correspondiente a transacciones de bajo y mediano monto atribuidas principalmente a micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes).
En 2025, de acuerdo con cifras ofrecidas en el acto, las mipymes aportaron alrededor de RD$30,000 millones de los RD$270,000 millones recaudados por la DGA — un 11 % del total. La solución diseñada para ese segmento incluye, según informó el gerente general de Visa República Dominicana, Gustavo Turquía, un beneficio de reembolso de hasta un 10 % para tarjetahabientes Visa con tarjetas de crédito emitidas por bancos dominicanos, válido entre el 2 de junio y el 31 de julio de 2026.
Es decir: la «modernización» viene con fecha de vencimiento promocional y con una restricción técnica implícita — solo para quienes ya tienen acceso a tarjetas de crédito bancarias. La informalidad financiera, que afecta a una proporción significativa del sector mipyme dominicano, queda fuera del beneficio anunciado sin que ningún funcionario lo reconociera en el acto.
«La tarjeta de crédito y débito introduce financiamiento implícito de corto plazo para cubrir obligaciones tributarias sin afectar de inmediato el flujo de caja.»
— Nelson Arroyo, director general de AduanasLa arquitectura del acuerdo y sus interrogantes
El lanzamiento fue acompañado de la firma de un acuerdo entre la DGA, Visa República Dominicana y las entidades adquirentes Cardnet, Azul y Portal. Ningún detalle sobre las comisiones de adquirencia —el costo que paga el Estado o el importador por cada transacción con tarjeta— fue divulgado en la comunicación oficial. Esto no es un dato menor: en mercados comparables de América Latina, las tasas de descuento sobre pagos gubernamentales con tarjeta oscilan entre el 1.5 % y el 3.5 %, lo que puede representar decenas de millones de pesos anuales en costos adicionales para el sistema, transferidos —según el diseño del contrato— al erario, al importador o a ambos.
Presuntamente, y de acuerdo con estándares internacionales de transparencia en contrataciones públicas, estos parámetros debían ser de dominio público antes del lanzamiento. El Estado dominicano, sin embargo, tiene un patrón conocido de anunciar alianzas público-privadas sin publicar los términos específicos que regulan el uso de recursos fiscales.
Profundiza en el debate político dominicano con nuestra cobertura independiente:
Ver noticias nacionales Análisis político completoEl presidente ejecutivo de Cardnet, Luis Bencosme, agradeció «la confianza depositada» por la DGA, pero tampoco reveló las condiciones económicas del acuerdo. La ausencia de esa información en un acto presidencial transmitido como política pública es, en sí misma, un problema de transparencia institucional.
¿A quién sirve realmente la modernización?
Analizar quiénes se benefician concretamente requiere desagregar la retórica. La plataforma, según Arroyo, apuntará a transacciones de «bajo y mediano monto, altamente recurrentes en el comercio de las mipymes». Si ese es el perfil, la pregunta legítima es por qué la iniciativa se lanzó con presencia presidencial y un gabinete de once funcionarios, cuando su alcance efectivo —dado que el 99 % ya era electrónico— es limitado en el corto plazo.
La respuesta más probable no es técnica, sino comunicacional: en un período preelectoral, la digitalización del Estado es un activo narrativo que el poder ejecutivo tiene interés en capitalizar. Eso no invalida la medida, pero sí exige contextualizarla. La diferencia entre una reforma estructural y un anuncio de gestión radica en los indicadores que se establecen, los plazos de implementación que se comunican y la rendición de cuentas que se diseña desde el inicio. Nada de eso fue presentado el martes.
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El dato que debería incomodar
Si la DGA ya procesaba el 99 % de sus recaudaciones por canales electrónicos, y si la plataforma opera sobre el 1 % restante con un incentivo de reembolso que vence en julio de 2026, entonces el verdadero indicador de modernización aduanera no es la habilitación de pagos con tarjeta. Es la reducción de los tiempos de despacho, la disminución de trabas burocráticas para operadores formales e informales, y la publicación de auditorías independientes sobre los procesos de recaudación. De esos temas, el acto oficial del martes no dijo nada.











































































