Santo Domingo.— Durante el foro «Capital, Confianza y Crecimiento: Banca y Turismo», la Asociación Nacional de Hoteles y Turismo (Asonahores) y la Asociación de Bancos Múltiples (ABA) presentaron un cuadro financiero que, según sus propias palabras, no tiene precedentes en la historia económica dominicana. Cifras de crecimiento sostenido, morosidad casi inexistente y una participación en el PIB que supera el 18%. El retrato es luminoso. Pero cada uno de esos números merece ser leído con lupa, no porque sean necesariamente falsos, sino porque provienen exclusivamente de los actores que más se benefician de que parezcan extraordinarios.
La cifra estrella: RD$112,000 millones en crédito
El dato más citado del foro es que la cartera de crédito bancario destinada al turismo superó los RD$112,000 millones en 2025, lo que representaría un incremento del 67% respecto a 2020. La fuente es Asonahores, no el Banco Central ni la Superintendencia de Bancos.
Esto no invalida el número, pero sí obliga a formularse preguntas básicas: ¿Bajo qué metodología fue calculado? ¿Incluye refinanciamientos de deuda existente o solo crédito nuevo? ¿Fue auditado por un organismo independiente?
Un crecimiento del 67% en cinco años es, en términos nominales, espectacular. Pero República Dominicana ha experimentado en ese mismo período una depreciación acumulada del peso y una inflación que, según datos del Banco Central, ha presionado los costos operativos en toda la economía. En términos reales —ajustados por inflación y tipo de cambio— ese incremento podría ser considerablemente menor. La cifra en pesos dominicanos, sin ese ajuste, puede inflar la narrativa sin mentir técnicamente.
El hito de los 30 años: ¿récord o línea de base conveniente?
La ABA afirmó que el crédito al turismo ha crecido a una tasa promedio anual del 24% durante los últimos 30 años, superando en un 60% el ritmo del financiamiento al sector comercial general, que se ubicó en 15%. Este dato fue presentado como un hito histórico.
Merece contexto. Una tasa de 24% anual en pesos dominicanos, durante tres décadas de economía inflacionaria y con un tipo de cambio que ha pasado de aproximadamente RD$13 por dólar en 1996 a más de RD$60 en la actualidad, no es necesariamente una hazaña extraordinaria. En muchos períodos, esa tasa apenas habría superado la inflación nominal. Comparar ese crecimiento con el sector comercial —históricamente subcapitalizado y más fragmentado— tampoco establece un estándar exigente.
Lo que sí es dato verificable y relevante: la participación del turismo dentro de la cartera comercial pasó de 1.2% en 1996 a 9.2% en 2025, según las mismas fuentes. Ese desplazamiento estructural sí merece atención, porque implica que otros sectores —agropecuario, manufactura local, pequeñas y medianas empresas— han cedido terreno relativo dentro del financiamiento bancario disponible.
El 21% en divisas: ¿fortaleza o señal de alerta?
Uno de los datos que pasó casi desapercibido en el foro es que el turismo concentra el 21% del crédito bancario denominado en moneda extranjera. Este porcentaje no fue cuestionado por ningún expositor.
Sin embargo, desde una perspectiva de riesgo sistémico, merece al menos una pregunta: ¿qué ocurre con esos créditos en dólares si el flujo de divisas del turismo se contrae abruptamente —por una crisis climática, una pandemia o una recesión en los mercados emisores? La pandemia de 2020 ofreció una respuesta parcial: el propio foro reconoció que la banca tuvo que sostener operaciones durante ese período. Que esa situación sea presentada como una virtud del sistema —y no como evidencia de su vulnerabilidad— es una lectura que favorece la narrativa, no el análisis.
Los fondos de inversión: US$1,231 millones sin mayor escrutinio
Según datos presentados en el evento, los fondos de inversión canalizaron US$1,231 millones hacia el turismo al cierre de 2025, equivalentes al 66% del crédito bancario al sector. Esta cifra fue mencionada de forma casi casual, como dato complementario.
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Es, en realidad, uno de los números más relevantes del foro —y el menos examinado. ¿Cuántos de esos fondos son de origen local versus extranjero? ¿Qué condiciones contractuales tienen? ¿Qué porcentaje de las utilidades generadas por esas inversiones sale del país? La presencia creciente de capital financiero no bancario en el turismo dominicano puede ser una señal de madurez del mercado, pero también puede implicar una mayor extracción de valor hacia el exterior, con menor derrame sobre la economía local.
La morosidad de 0.3%: ¿indicador sólido o efecto contable?
El dato de morosidad de apenas 0.3% al cierre de marzo de 2026 fue presentado como uno de los indicadores más sólidos del desempeño sectorial. Y, en efecto, es excepcionalmente bajo para cualquier cartera crediticia.
Pero la morosidad tiene sus propias trampas metodológicas. ¿Cómo se clasifican los créditos reestructurados durante y después de la pandemia? ¿Cuántos préstamos fueron refinanciados bajo condiciones especiales que, técnicamente, evitaron que entraran en mora? La Superintendencia de Bancos tiene registros sobre estas operaciones, pero la cifra presentada en el foro proviene de los propios actores del sector, no de un reporte independiente de supervisión.
Una morosidad de 0.3% puede reflejar, genuinamente, un sector saludable. También puede ser el resultado de una contabilidad que pospone el reconocimiento de riesgo real. Sin acceso a los datos desagregados, la cifra es un titular, no un diagnóstico.
El 18% del PIB: ¿motor de desarrollo o enclave económico?
El ministro de Turismo, David Collado, declaró que el turismo representa alrededor del 18% del PIB dominicano, consolidándolo como uno de los principales motores del crecimiento. La cifra, si es correcta, es notable —y también es una señal de alerta que el foro prefirió no mencionar.
Una economía donde un solo sector representa casi la quinta parte del producto nacional es una economía estructuralmente vulnerable. La diversificación económica, principio básico de resiliencia, aconseja precisamente lo contrario: reducir la dependencia de cualquier actividad individual. La pandemia demostró en tiempo real lo que ocurre cuando ese sector se paraliza. Que en 2025 ese porcentaje sea igual o mayor que en 2019 sugiere que la lección no se tradujo en política económica concreta.
Adicionalmente, el turismo dominicano opera en gran medida bajo un modelo de «todo incluido» que, según análisis académicos y reportes de organismos internacionales como la CEPAL, tiende a retener el gasto del turista dentro de los complejos hoteleros, con derrame limitado hacia las economías locales circundantes. El empleo generado —argumento recurrente en el foro— es frecuentemente de baja remuneración, alta rotación y escasa formalización.
Collado en el foro: el ministro que celebra ante su propio auditorio
David Collado declaró ante los asistentes que el país vive «uno de sus mejores momentos» en la industria turística, respaldado por la confianza de inversionistas, aerolíneas y visitantes. La frase es políticamente eficaz. Periodísticamente, es insuficiente.
Un ministro sectorista que declara récords históricos en un foro organizado por las mismas asociaciones que representa no está siendo sometido a escrutinio: está siendo aplaudido. La ausencia de voces críticas, de representantes laborales, de economistas independientes o de autoridades ambientales en ese espacio no es un detalle menor —es la condición que hace posible que una declaración grandilocuente circule como si fuera un dato verificado.
Collado no presentó en el foro una comparación regional que contextualice esos supuestos récords. ¿Cómo se compara la tasa de formalización laboral del turismo dominicano con la de México, Jamaica o Costa Rica? ¿Qué porcentaje del valor generado por el sector permanece en la economía nacional versus el que se repatria como utilidades al exterior? ¿Cuál es el costo fiscal —en exenciones, incentivos y subsidios indirectos— que el Estado dominicano paga para sostener ese «mejor momento»?
Esas preguntas no incomodan en un foro de la banca y los hoteleros. Pero son exactamente las que un ministro con cifras históricamente sólidas debería estar en condiciones de responder públicamente —y con datos, no con entusiasmo.
Celebrar récords sin rendir cuentas sobre su distribución y sostenibilidad no es gestión pública: es comunicación institucional. Y la diferencia importa.
Lo que el foro no discutió
Ninguno de los expositores abordó las preguntas que más importan desde una perspectiva de política económica y distribución de beneficios:
¿Cuánto de ese crédito de RD$112,000 millones fue destinado al turismo comunitario, los pequeños hoteles o los negocios locales? ¿O fue, como sugiere la concentración estructural del sector, hacia los grandes grupos hoteleros internacionales que operan bajo esquemas de inversión extranjera directa?
¿Qué porcentaje de los empleos generados por ese auge cuenta con contrato formal, cobertura de seguridad social y salario por encima del mínimo sectorial?
¿Cómo ha impactado la expansión hotelera en el acceso a playas, tierras costeras y recursos naturales por parte de las comunidades locales y los municipios turísticos?
¿Qué mecanismos de supervisión existen para garantizar que el capital financiero no bancario —ese US$1,231 millones en fondos de inversión— no genere pasivos contingentes para el sistema financiero dominicano?
Estas no son preguntas retóricas. Son los vacíos que un foro verdaderamente técnico habría tenido la obligación de plantear.
Un sector que crece —y una economía que espera respuestas estructurales
Los números presentados en el foro «Capital, Confianza y Crecimiento» pueden ser reales. Pueden representar, genuinamente, décadas de construcción financiera e institucional en torno a la industria turística dominicana. Pero son números que provienen de quienes tienen interés directo en que parezcan históricos, presentados en un escenario donde no hubo contrapeso técnico independiente, ni representación de trabajadores del sector, ni voz de los municipios que cargan con los costos ambientales y sociales de esa expansión.
El periodismo no tiene la obligación de aplaudir los hitos. Tiene la obligación de preguntar a qué costo fueron alcanzados, quiénes quedaron fuera del reparto y si los mecanismos de supervisión son suficientes para que ese crecimiento no se convierta, en la próxima crisis, en un pasivo que absorba el Estado —y, por tanto, toda la ciudadanía dominicana.
Las cifras son impresionantes. Las preguntas que generan lo son aún más.
Despertar Matinal solicitará a la Superintendencia de Bancos y al Banco Central datos desagregados sobre la cartera de crédito turística para contrastar con las cifras presentadas por Asonahores y la ABA. Asimismo, se cursará solicitud de entrevista al Ministerio de Turismo para que el ministro Collado responda las interrogantes que el foro no planteó.












































































