El jueves pasado el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte fue escenario de un acto diseñado para impresionar. Luces, discursos, autoridades en primera fila y una narrativa oficial que presentó la remodelación del histórico Palacio de los Deportes como si el país hubiera recibido un regalo. El presidente Luis Abinader habló de estándares internacionales, de la NBA, del Caribe. El presidente ejecutivo de Banreservas, Leonardo Aguilera, celebró lo que describió como la primera vez que una empresa dominicana vincula su marca a una instalación deportiva. Nadie, en ningún momento del acto, mencionó cuánto costó la obra. Nadie explicó bajo qué proceso fue adjudicada. El espectáculo fue impecable. La rendición de cuentas, inexistente.
Cifra clave
11,200 m²
Superficie remodelada en tres niveles con capacidad para 8,270 espectadores. El costo total de la obra no ha sido divulgado en ningún portal público dominicano a la fecha de esta publicación.
La Arena Banreservas Virgilio Travieso Soto es el resultado de una remodelación integral que transformó el antiguo Palacio de los Deportes en un recinto multipropósito con capacidad para 8,270 espectadores, distribuidos en tres niveles sobre más de 11,200 metros cuadrados renovados.
El proyecto incorporó tecnología de primer nivel: tabloncillo certificado por la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA), canastos con especificaciones FIBA Level 1, pantalla central LED de alta definición con visión de 360 grados, pantallas perimetrales, sistema profesional de sonido, iluminación especializada para transmisiones televisivas y un sistema de climatización de 1,200 toneladas de enfriamiento compuesto por tres chillers de 400 toneladas y 20 manejadoras de aire.
Las instalaciones también contemplan cuatro salas de recuperación, cuatro camerinos para jugadores, cuatro camerinos para árbitros, cuatro oficinas para entrenadores, una enfermería equipada, siete suites —incluyendo una de prensa—, dos palcos exclusivos de nivel Presidencial y VIP, y una sala de prensa moderna. La fachada exterior, el domo y los espacios circundantes fueron restaurados integralmente.
El ministro de Deportes, Kelvin Cruz, afirmó que la Arena cumple con todos los estándares internacionales. El propio Abinader declaró que no descarta gestionar partidos de la NBA en suelo dominicano. La primera gran prueba del recinto llegará los días 3 y 6 de julio, cuando la selección dominicana de baloncesto enfrente a Nicaragua y Estados Unidos en la ventana clasificatoria de la Copa Mundial FIBA rumbo a Catar 2027.
Que la República Dominicana cuente con una instalación deportiva de este nivel es, objetivamente, una buena noticia. El problema no es la obra. El problema es el silencio deliberado que rodeó su inauguración en todo lo que la ley exige transparentar.
«Esta es la primera vez en la historia del país que una empresa vincula su marca a una instalación deportiva.»
— Leonardo Aguilera, presidente ejecutivo de Banreservas
Dato que el discurso omitió: Banreservas pertenece al Estado dominicano. La «empresa» que patrocinó la obra es, en términos prácticos, el mismo Estado que la inauguró.
El dinero que nadie nombró. Ni el presidente, ni el ministro de Deportes, ni el ejecutivo de Banreservas informaron el costo total de la remodelación durante el acto oficial. Una intervención de esta escala —con tecnología LED de alta gama, sistema de climatización industrial, suites VIP y restauración estructural de más de once mil metros cuadrados— representa, según fuentes del sector de infraestructura pública consultadas por Despertar Matinal, una inversión que en proyectos comparables de la región oscila entre los 15 y 40 millones de dólares. Sin embargo, a la fecha de publicación de este artículo, ningún documento presupuestario está disponible en los portales públicos del Ministerio de Hacienda ni de la Dirección General de Contrataciones Públicas que justifique, desglose o respalde esta inversión.
La confusión fabricada entre lo público y lo privado. Aguilera declaró que esta es la primera vez en la historia dominicana que una empresa vincula su marca a una instalación deportiva, como se hace en las sociedades más desarrolladas. La afirmación suena innovadora. Pero omite un dato esencial: Banreservas no es una empresa privada. Es un banco propiedad del Estado dominicano, cuyos recursos provienen del patrimonio público y de los depósitos de los ciudadanos. Lo que ocurrió no fue una alianza público-privada ni un patrocinio corporativo. Fue, presuntamente, gasto del Estado dominicano ejecutado bajo la marca de una institución estatal, presentado ante la opinión pública como si fuera una generosa inversión privada. La diferencia no es semántica. Es la diferencia entre transparencia y narrativa.
El proceso que nadie explicó. La Ley 340-06 sobre compras y contrataciones del Estado establece con claridad que las obras de infraestructura pública de gran escala deben seguir procesos de licitación documentados, verificables y accesibles a la ciudadanía. A la fecha de este artículo, Despertar Matinal no ha encontrado registro público accesible que acredite bajo qué modalidad de contratación fue adjudicada la remodelación de la Arena Banreservas, quién ejecutó la obra ni en qué condiciones. La ausencia de esa documentación en los portales oficiales no prueba irregularidad, pero sí confirma una opacidad que el gobierno tiene la obligación legal y ética de corregir.
Nota de rigor periodístico
Las señalamientos de este artículo sobre financiamiento y proceso licitatorio se fundamentan en la ausencia de documentación pública verificable a la fecha de publicación. La falta de registros accesibles no constituye prueba de irregularidad, pero sí obliga a la pregunta. Despertar Matinal ha solicitado información al Ministerio de Deportes y a la Dirección General de Contrataciones Públicas. Toda respuesta oficial será incorporada a esta nota.
El segundo mandato de Abinader, iniciado en agosto de 2024, ha convertido las inauguraciones de infraestructura en uno de sus principales instrumentos de comunicación política. No hay nada intrínsecamente reprochable en construir. Lo que sí resulta incompatible con un gobierno que se presenta como moderno e institucional es la práctica sistemática de inaugurar con fanfarria y sin facturas, de celebrar con discursos lo que debería sustentarse con documentos.
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La Arena Banreservas Virgilio Travieso Soto puede albergar partidos de la NBA, conciertos internacionales y competencias de alto rendimiento. El país necesita ese tipo de infraestructura y nadie sensato lo negaría. Pero una nación que aspira a estar al nivel de las sociedades más desarrolladas —como le gusta repetir al gobierno— también necesita que sus funcionarios entiendan que inaugurar sin transparentar no es gestión pública. Es teatro.
La modernidad no se mide en pantallas LED. Se mide en la disposición del poder a rendir cuentas aunque nadie se lo exija con cámaras encendidas.
La pregunta que el acto inaugural no respondió
Si Banreservas es del Estado y el Palacio de los Deportes es del Estado, ¿a quién exactamente le está agradeciendo el gobierno dominicano?












































































