La palabra hambre cero se repitió esta semana en cada atril oficial, en cada nota de prensa institucional y en cada titular pagado en medios afines al Gobierno. El anuncio, respaldado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), sostiene que República Dominicana bajó la prevalencia de subalimentación por debajo del 2.5%, el umbral técnico que define, en las estadísticas internacionales, la ausencia de hambre. Pero entre el indicador que celebra Roma y el supermercado que enfrenta cada familia dominicana hay una distancia que ningún comunicado oficial explica. Este medio se pregunta, con el rigor que exige el periodismo independiente, si hambre cero es una realidad social o una meta estadística maquillada para el ciclo político.
Un umbral técnico convertido en relato político
El informe SOFI 2026 de la FAO ubica a República Dominicana por debajo del umbral de desnutrición calórica. El director general del organismo, Qu Dongyu, atribuyó el resultado al compromiso político del actual gobierno, iniciado en agosto de 2020 y en su segundo período desde agosto de 2024. El presidente Luis Abinader calificó el logro como «el triunfo de un país», mientras el ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, detalló cinco pilares de la estrategia hambre cero: disponibilidad, acceso, alimentación, cambio climático y gobernanza.
Las cifras oficiales acompañan el relato: 347 millones de quintales producidos en 2025, un crecimiento de 5.6%, 167,000 títulos de propiedad rural entregados y un alza de 15.2% en el ingreso real entre 2019 y 2025. Programas como Aliméntate, el Bono Gas y los Comedores Económicos se presentan como evidencia de la política social. Ninguna de estas cifras, sin embargo, se acompaña de una ficha técnica pública, independiente y auditable que permita a la ciudadanía verificar la metodología detrás del hambre cero que el Estado se atribuye a sí mismo.
¿quién audita al que se premia a sí mismo?
Un indicador de subalimentación calórica no mide si una familia puede pagar la canasta básica. Mide calorías disponibles, no acceso económico real. Y ahí está la primera grieta del relato de hambre cero: mientras el Gobierno celebra el umbral de la FAO, el costo de los alimentos de primera necesidad se mantiene entre los más altos de la región, y los salarios, según reportan trabajadores y organizaciones de consumidores, no han crecido al mismo ritmo que los precios en el colmado. La pregunta no es retórica: ¿cómo se sostiene la narrativa de hambre cero cuando, presuntamente, una parte significativa de la población dominicana ajusta su dieta —no por elección, sino por necesidad— ante el costo de los alimentos?
La FAO misma reconoce, en informes previos, que los indicadores de seguridad alimentaria conviven con evaluaciones más matizadas sobre pobreza multidimensional y acceso económico, lo cual no aparece mencionado en el discurso oficial. Presentar un solo indicador como prueba absoluta de éxito, sin contextualizar sus límites metodológicos, es una decisión editorial y política, no un hecho neutro.
La segunda grieta es institucional. De acuerdo con fuentes del ecosistema mediático dominicano, una parte relevante de la cobertura elogiosa sobre hambre cero proviene de medios que reciben pauta publicitaria del Estado, una práctica que presuntamente condiciona la independencia editorial de la narrativa oficial. Mientras tanto, medios independientes que cuestionan estas cifras enfrentan, según han denunciado organizaciones de prensa, presión presupuestaria y hostilidad institucional. Un Estado que paga por sus propios titulares y que reduce el presupuesto a la prensa crítica no está comunicando: está construyendo un relato a la medida de su conveniencia electoral, sin que el ciudadano tenga forma de contrastarlo.
La segunda grieta es institucional. De acuerdo con fuentes del ecosistema mediático dominicano, una parte relevante de la cobertura elogiosa sobre hambre cero proviene de medios que reciben pauta publicitaria del Estado, una práctica que presuntamente condiciona la independencia editorial de la narrativa oficial. Mientras tanto, medios independientes que cuestionan estas cifras enfrentan, según han denunciado organizaciones de prensa, presión presupuestaria y hostilidad institucional. Un Estado que paga por sus propios titulares y que reduce el presupuesto a la prensa crítica no está comunicando: está construyendo un relato a la medida de su conveniencia electoral, sin que el ciudadano tenga forma de contrastarlo.
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Ver noticias nacionales Análisis político completo«Un umbral estadístico puede cerrar un capítulo en Roma sin que se cierre el capítulo del hambre en el colmado dominicano.»
El hambre cero que celebra el Gobierno es, hasta que se demuestre lo contrario con datos abiertos y auditables, un logro técnico dentro de un indicador internacional. Convertirlo en relato de campaña, financiado con pauta estatal y defendido con presión a la prensa independiente, no fortalece la cifra: la debilita. Si el logro es real, ¿por qué el Estado necesita pagar por los titulares que lo celebran en lugar de dejar que los datos hablen por sí solos?
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