SANTO DOMINGO, D. N.– La vicepresidenta Raquel Peña y el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, inauguraron este martes el Torneo de Baloncesto Interbarrial Gran Santo Domingo 2026, categoría sub-20, en el Polideportivo Tony Barreiro de la UASD. Más de 150 equipos de distintos sectores del Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo participan en la competencia. El escenario fue festivo: uniformes nuevos, artistas urbanos, discursos encendidos y una promesa de un millón de pesos para el equipo campeón. Sin embargo, detrás del espectáculo surge una pregunta incómoda: ¿a quién le corresponde realmente el crédito de lo que hoy se celebra?
El torneo como vitrina política
El ministro Kelvin Cruz atribuyó al presidente Luis Abinader el mérito del remozamiento de más de 30 canchas deportivas en el Gran Santo Domingo, presentándolo como parte de una «revolución deportiva» impulsada desde Palacio. «Estamos cumpliendo el sueño del presidente Abinader», declaró Cruz ante los asistentes, en un discurso que según el texto oficial incluyó hasta una gratitud a Dios por ocupar su cargo.
Lo que el ministro no mencionó —y que el periodismo tiene la obligación de recordar— es que durante años, fueron los propios vecinos, líderes comunitarios y activistas deportivos quienes denunciaron, movilizaron y presionaron para que el Estado atendiera el abandono histórico de las instalaciones deportivas barriales. Las canchas deterioradas no eran una novedad: eran una herida abierta que ningún gobierno anterior ni el actual atendió hasta que la presión pública hizo insostenible la inacción.
La narrativa oficial convierte en favor gubernamental lo que en su origen fue una demanda ciudadana.
La metáfora que el discurso oficial no quiere nombrar
Hay un patrón que se repite con frecuencia en la gestión del gobierno de Abinader, ya en su quinto año en el poder: identificar necesidades acumuladas —muchas veces agravadas por omisiones propias o sistémicas—, atenderlas con recursos del Estado y presentar la solución como un logro personal del Ejecutivo.
Quienes movilizaron, protestaron y exigieron durante años quedan invisibilizados. El mérito se centraliza en la figura presidencial. Y la ciudadanía, en muchos casos agotada y necesitada, termina agradeciendo lo que, en rigor, siempre fue su derecho.
Es la lógica de quien rompe las piernas, vende las muletas y convence al herido de que gracias a su generosidad camina. ¿Cuántas de esas 30 canchas remozadas fueron destruidas, abandonadas o descuidadas durante este propio período de gobierno? Esa pregunta, según fuentes consultadas, no tiene respuesta oficial hasta la fecha.
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Ver noticias nacionales Análisis político completoLo que sí merece reconocimiento —y lo que aún falta
Sin negar el valor real que tiene un torneo de esta escala para los jóvenes del Gran Santo Domingo, el análisis periodístico exige separar el bien concreto del discurso político que lo envuelve.
El torneo, en su dimensión real, ofrece:
- Una plataforma de competencia para más de 150 equipos juveniles.
- Infraestructura deportiva rehabilitada en zonas de alta vulnerabilidad social.
- Incentivos económicos que pueden significar algo tangible para comunidades de bajos ingresos.
- Un vínculo con los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, que sí representa una oportunidad real de proyección para el deporte nacional.
Lo que el acto oficial no abordó con igual entusiasmo: la sostenibilidad del torneo más allá del ciclo electoral, la transparencia en la selección de canchas rehabilitadas, ni los mecanismos de rendición de cuentas sobre el uso de los fondos públicos invertidos.
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Seguridad, silencio y un minuto de duelo
La presencia del director general de la Policía Nacional, Andrés Modesto Cruz Cruz, para garantizar el orden en las instalaciones deportivas es, en sí misma, un dato que merece reflexión. ¿Por qué un torneo barrial sub-20 requiere despliegue policial como medida anunciada públicamente? La respuesta implícita habla de los mismos entornos que el gobierno dice querer transformar mediante el deporte.
Durante el acto, se guardó un minuto de silencio en memoria de Danna Sofía Uribe, hija del presidente de la Federación Dominicana de Baloncesto. Un gesto de humanidad genuina en medio de un acto de alta carga institucional.
Federico Lalane José: el legado que el torneo honra
La dedicatoria de esta edición a Federico Lalane José sí representa un reconocimiento merecido y sin ambigüedades políticas. Lalane José presidió la Fedombal, la LNB, fue vicepresidente de la Confederación Centroamericana y del Caribe de Baloncesto, y se convirtió en el primer dominicano en integrar el buró directivo de la FIBA. Su trayectoria es patrimonio del deporte dominicano, independientemente de qué gobierno le rinda tributo.
El derecho de preguntar
La juventud dominicana merece canchas dignas, torneos bien organizados y oportunidades reales de desarrollo deportivo. Eso es innegable. Pero también merece ciudadanos y periodistas que no confundan la gestión de lo público con el favor de lo privado.
Cuando un gobierno presenta como logro personal aquello que la ciudadanía exigió durante años, no está gobernando: está administrando el crédito ajeno.
La pregunta que este torneo deja abierta no es si el baloncesto barrial importa —sí importa, y mucho—. La pregunta es si los jóvenes que salgan campeones recordarán que el derecho a jugar en una cancha digna nunca fue un regalo.












































































