El analista internacional Nicolás Promanzio participó de Otra Vuelta Más, por TN, donde analizó los escenarios catastróficos que comenzaron a ocupar buena parte de la discusión pública sobre el avance de la inteligencia artificial y puso el foco en un problema central: la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China dificulta establecer límites sin ceder terreno frente al rival.
La conversación comenzó con una pregunta deliberadamente extrema: “¿Todos moriremos?”. Promanzio respondió ubicando el debate dentro de una transformación más amplia de los conflictos internacionales.
“Hoy en día, cuando los países entran en conflicto, no entran en la lógica binaria de la guerra o la paz. Esa lógica se terminó”, explicó. Según desarrolló, gran parte de las disputas actuales ocurren por debajo del umbral de una guerra convencional y abarcan dimensiones tecnológicas, financieras, comerciales y energéticas.
En ese contexto ubicó la carrera por la inteligencia artificial. “Estados Unidos y China están compitiendo por una herramienta tecnológica”señaló, y explicó que su impacto dependerá finalmente del uso que hagan de ella los Estados y otros actores.
Allí planteó uno de los principales dilemas del debate. “Es muy difícil porque si la regulás del todo, el otro te pasa; pero si la dejás libre, corrés el riesgo de que cobre su propia vida”afirmó.

Durante la discusión también intervino el dirigente de izquierda Cristian «Chipi» Castilloquien atribuyó los riesgos principalmente a la lógica empresarial. “El problema es que se mueven con la lógica empresarial de la ganancia corporativa”, sostuvo el comunista, antes de proponer que la inteligencia artificial tenga “control público total”sea estatal y esté controlada por la población.
La discusión incorporó además las recientes advertencias del CEO de Anthropic, Dario Amodeiquien planteó la posibilidad de que Estados Unidos y China acuerden en el futuro límites conjuntos al ritmo de desarrollo de la tecnología. Su postura contrasta con las posiciones que rechazan una mayor intervención estatal, como la del empresario Peter Thiel.
Promanzio remarcó que buena parte de la conversación occidental se concentra actualmente en el modelo estadounidense, mientras que existe mucha menos información sobre lo que ocurre dentro de China. Sin embargo, consideró improbable que Beijing permanezca ajeno al mismo dilema. “Yo no tengo dudas de que China, en el ámbito interno, esté dando estas mismas discusiones”, sostuvo.

Finalmente, el analista buscó separar el desarrollo tecnológico de sus posibles aplicaciones. “Hay que entender que la IA es una herramienta y depende del uso que le des. No es un fin en sí misma”explicó.
Como comparación, recurrió a la energía nuclear: el problema no reside necesariamente en la tecnología, sino en que pueda utilizarse para fabricar un arma atómica y dirigirla contra una población. Para Promanzio, la inteligencia artificial todavía no cuenta con autonomía total y el desafío pasa precisamente por definir hasta dónde permitir su desarrollo sin entregar una ventaja estratégica.
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