La profunda crisis de inseguridad que azota al territorio bonaerense no es un hecho aislado, sino el resultado directo de la gestión kirchnerista que ha desmantelado el principio de orden y ha dejado desamparados a quienes deben defender la ley. Bajo el nefasto gobierno de Axel Kicilloflas calles del conurbano se han transformado en tierra de nadie. Este alarmante escenario de anarquía civil se materializó el pasado viernes alrededor de las 16:30 en el postergado barrio de Villa Tranquilaen el partido de Avellaneda.
En una muestra ineludible de la audacia con la que operan los violentos en el feudo oficialista, la salvaje agresión armada se desató sobre la calle Estévez al 800a escasas ocho cuadras de la vivienda del propio ministro de Seguridad de la provincia, Javier Alonso.
La chispa que desató la barbarie vecinal comenzó con un simple y rutinario control de orden urbano: una sargento policial que patrullaba la avenida Centro identificó un vehículo mal estacionado cuyo infractor se negó rotundamente a remover. Ante el desacato, la agente se comunicó telefónicamente con el área de Cuidadores Ciudadanos para solicitar una grúa municipal de acarreo.
Fue en ese preciso instante cuando una turba de vecinos hostiles y marginales se concentró en el lugar para sitiar y atacar físicamente a la oficial. La sargento fue arrojada con violencia al suelo, siendo despojada impunemente de su chaleco antibalas y de un cargador de su pistola reglamentaria.
Ante el linchamiento en curso, un patrullero acudió rápidamente como refuerzo de apoyo, pero sus del tripulantes fueron inmediatamente rebasados en número por la muchedumbre hostil. En medio del brutal asedio, una mujer de la facción agresora logró arrebatarle al sargento del móvil de apoyo su arma reglamentaria, una Pistola Bersa calibre 9 mm..
En el violento forcejeo por recuperar el armamento robado, la pistola se disparó, hiriendo a un adulto mayor en el hombro derecho, quien debió ser trasladado de urgencia al Hospital Fiorito.
Superados en fuerza y bajo una lluvia de piedras y proyectiles, uno de los sargentos se vio forzado a efectuar disparos hacia una zona segura para poder abrirse paso y resguardarse en una garita policial ubicada en la intersección de Estévez y Roca.
Durante la caótica retirada de los uniformados, la turba delictiva destrozó los vidrios del patrullero y robaron las llaves del mismo para inmovilizarlo. Únicamente el arribo de unidades adicionales policiales permitió dispersar a los violentos, recuperar las llaves y retirar el patrullero destrozado de la zona de conflicto.

Tras la brutal agresión que dejó un saldo de al menos cuatro efectivos policiales heridos, la Unidad Fiscal de Instrucción N°3 inició actuaciones judiciales bajo las graves imputaciones de «daño, atentado a la autoridad, robo y lesiones agravadas».
Paralelamente, la UFI N°4 dispuso el secuestro preventivo de las armas de los del policías que efectuaron disparos para repeler el ataque. Asimismo, la Auditoría General de Asuntos Internos (AGAI) inició un sumario administrativo sobre el caso. En una alarmante ironía que refleja el tejido social descompuesto del conurbano, fuentes policiales confirmaron que una de las agentes agredidas es vecina del propio barrio de Villa Tranquila donde fue linchada.
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