El presidente usa medios internacionales para proyectar una RD próspera y segura. Pero entre el discurso y la realidad cotidiana de millones de dominicanos hay una brecha que ninguna entrevista cierra.
El pasado reciente tiene una frase que lo resume todo: «La inversión en República Dominicana es segura. Somos un oasis en la región.» La pronunció el presidente Luis Abinader durante una entrevista con el periodista Eduardo Feinmann para el ciclo América Habla de Infobae, grabada en el Palacio Nacional. La imagen era impecable. El mensaje, ensayado. Y la pregunta inevitable quedó flotando sin respuesta: ¿oasis para quién?
Abinader lleva casi cinco años en el poder. En ese tiempo ha construido con notable destreza una narrativa de excepción regional: mientras Venezuela colapsa, Haití arde, y América Latina convulsiona, la República Dominicana —según el relato oficial— resiste, crece y atrae. El problema no es que esa narrativa sea completamente falsa. El problema es que es conveniente, selectiva y, en varios puntos, directamente contradictoria con la experiencia de la mayoría.
El «crecimiento» que no llega a todos los bolsillos
Según datos del gobierno, la economía dominicana acumuló un crecimiento de 4.1% impulsado por el turismo, las zonas francas, las remesas, el cacao, el azúcar y los cigarros. Abinader también destacó que el país recibió USD 5,000 millones en inversión extranjera directa, con la inversión de Google por USD 500 millones como emblema.
Son cifras reales. Pero el crecimiento macroeconómico, por sí solo, no mide bienestar. Según informes del Banco Central y organismos independientes, la inflación acumulada durante el gobierno actual ha erosionado el poder adquisitivo de los hogares de ingresos medios y bajos. El precio de la canasta familiar, los alquileres y los servicios básicos han subido de forma sostenida. La pregunta que ningún periodista de Infobae formuló fue: ¿qué parte de esos 5,000 millones de dólares llegó al dominicano que vive en Los Alcarrizos, en Villa Mella o en Dajabón?
El propio presidente reconoció que el país no produce hidrocarburos y ha sido golpeado por el alza internacional del petróleo. Lo que omitió es que esa presión se trasladó directamente a la población mediante aumentos en combustibles y en la tarifa eléctrica, mientras las medidas de compensación social fueron, según fuentes del sector civil, insuficientes y tardías.
12 millones de turistas y una ciudad que no puede dormir
Abinader proyecta recibir 12 millones de visitantes, consolidando a la República Dominicana como la segunda potencia turística latinoamericana después de México. Es un dato que genera aplausos en foros internacionales. Pero plantea interrogantes legítimas en el plano interno.
Profundiza en el debate político dominicano con nuestra cobertura independiente:
Ver noticias nacionales Análisis político completo¿Cómo se distribuye el beneficio del turismo masivo? Según estudios del sector, la mayor parte del gasto turístico se concentra en complejos todo incluido que operan con cadenas internacionales, donde la circulación de divisas hacia la economía local es limitada. Mientras tanto, las comunidades costeras reportan presión sobre los recursos hídricos, encarecimiento del suelo y desplazamiento de residentes históricos.
El turismo crece. La pregunta que queda abierta es si ese crecimiento construye ciudadanía o solo construye habitaciones.
La seguridad: cifras oficiales vs. percepción ciudadana
Uno de los puntos más llamativos de la entrevista fue la afirmación presidencial sobre seguridad: 7.5 homicidios por cada 100,000 habitantes, una de las tasas más bajas del Caribe y Centroamérica, según datos oficiales. Abinader atribuyó ese resultado a una fuerza de tarea interinstitucional que coordina semanalmente entre el Ministerio Público, la Policía Nacional, el DICRIM, la DNCD y Migración.
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Aquí conviene ser preciso: los datos sobre homicidios son reales y verificables. Y sí representan una mejora comparativa con períodos anteriores. Pero reducir la seguridad ciudadana a la tasa de homicidios es una simplificación que merece cuestionamiento.
Los robos, las extorsiones a pequeños comerciantes, el abigeato en zonas rurales y la percepción de inseguridad en barrios populares no desaparecen de la estadística de homicidios. Tampoco desaparece la persistente preocupación ciudadana por la actuación policial, documentada en denuncias ante organismos de derechos humanos, sobre presuntos casos de uso excesivo de la fuerza.
En cuanto al narcotráfico, el presidente afirmó haber incautado seis veces más droga por año que administraciones anteriores. Si esa cifra es exacta —y el gobierno tiene la obligación de auditarla públicamente— plantea una interrogante adicional: ¿a qué costo social, institucional y en términos de derechos se obtuvieron esos resultados? La respuesta no estuvo en la entrevista de Infobae.
El «oasis» y la metáfora que Abinader no contó
Hay un relato implícito en la presentación presidencial que merece ser señalado con claridad: Abinader se atribuye como logros de su gestión el estancamiento de problemas que, en varios casos, su propio gobierno contribuyó a crear o profundizar.
En materia de política exterior, el presidente calificó su alianza con Estados Unidos como «total», aplaudió la relación con Israel, advirtió sobre Irán y denunció el fraude electoral en Venezuela. Son posiciones legítimas. Pero llama la atención que en esa misma entrevista no apareció ninguna autocrítica sobre los problemas estructurales del Estado dominicano: la corrupción institucional, la precariedad del sistema de salud pública, la calidad de la educación en el nivel básico, o el déficit habitacional.
El discurso del «oasis» tiene un problema de fondo: presupone que los ciudadanos deben estar agradecidos de haber sobrevivido la tormenta, sin preguntarse quién los expuso a ella. Hay una metáfora que circula en los círculos críticos y que aplica con precisión quirúrgica: hay quienes te rompen las piernas, te venden las muletas y luego te convencen de que gracias a ellos caminas.
Esto no es una acusación sin sustento. Es una interrogante política legítima que surge cuando un gobierno —en este caso el de Abinader— atribuye a su gestión la contención de crisis que, en varios frentes, fueron agravadas por sus propias decisiones: la política migratoria que generó tensión social interna, los aumentos en tarifas que el gobierno justificó pero que pagó el ciudadano, y la narrativa de seguridad que contrasta con la experiencia de miles de familias en territorios donde el Estado llega tarde o no llega.
Las protestas que el relato oficial no menciona
En ningún momento de la entrevista con Infobae el presidente hizo referencia a las movilizaciones ciudadanas que en los últimos años han cuestionado su gestión. Protestas por el costo de vida, por la situación fronteriza, por la gestión del agua y por decisiones del Ejecutivo que generaron rechazo en sectores amplios de la sociedad.
La omisión no es casual. Un «oasis» no tiene protestas. Un «oasis» no tiene ciudadanos que salen a la calle a exigir. Pero esos ciudadanos existen, y su voz no aparece en las entrevistas de medios internacionales que el presidente selecciona cuidadosamente.
La pregunta que la ciudadanía dominicana tiene derecho a formular es esta: ¿los avances que hoy el presidente celebra ante la audiencia de Infobae fueron posibles gracias a la gestión gubernamental, o a pesar de ella y, en parte, porque la presión ciudadana obligó a corregir el rumbo?
La vitrina y lo que queda afuera
La entrevista con Infobae fue, en esencia, una pieza de marketing político de alto nivel. Bien producida, bien argumentada y dirigida a una audiencia que no vive en Santo Domingo ni en Santiago, que no conoce el precio del gas en una colmena de Villa Consuelo, ni el tiempo de espera en un hospital público del Cibao.
La República Dominicana tiene logros reales. También tiene problemas reales que el gobierno prefiere no enmarcar en entrevistas internacionales. Un periodismo que le sirva a la ciudadanía no puede conformarse con la vitrina. Debe preguntar qué hay detrás del aparador.
Y detrás del «oasis», hay agua que no llega a todos, luz que se va sin aviso, salarios que no alcanzan y una deuda pública que crece mientras el discurso se afina.
La entrevista completa de Abinader con Infobae está disponible infobae.com.











































































